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Ahora que se aproximan las elecciones, vamos a recordar algunas promesas célebres del gobierno y gobernantes para verificar su grado de cumplimiento. Una de ellas fue el anuncio del Presidente de la República de "hacer temblar las raíces de los árboles" con el gobierno del Frente Amplio, promesa cumplida con creces. El 23 de agosto de 2005 en el principio nomás, en el país se desencadenó uno de los temporales más virulentos de su historia en el que muchos árboles y postes de luz, y cables, y techos de casas, más que temblar fueron arrancados de cuajo de sus raíces, fijaciones y cimientos, sin que el Servicio de Meteorología se hubiera enterado antes para dar el alerta correspondiente.
Otra, fue la promesa del "Uruguay productivo", acompañada de noventa y siete medidas. A su respecto, si te he visto no me acuerdo, y tanto antes de la crisis como después, todas las medidas de política económica que se tomaron se orientaron justamente a la pérdida de competitividad de nuestros productos de exportación. Así el costo de vida, y el precio de los alimentos vuelan hacia las nubes, y el petróleo se paga, por un seguro absurdo contratado por Ancap, a un precio muy superior al de su valor internacional.
Otra promesa fue tomada del Evangelio y reiterada machaconamente como prédica: Vendría una reforma tributaria por la cual "pagarán más los que tengan más, y pagarán menos los que tengan menos". Falso, rotundamente falso. Pagan más los que trabajan más y perciben mejores retribuciones, que no son necesariamente los que tienen más.
Hay más, pero vamos a recordar la última, una que anunció el Presidente con tonalidad de Saddam Hussein, cuando se refirió a que con respecto al Estado, se implantaría "la madre de todas las reformas". Vamos a decir dos palabras de esto.
Para saber como las cosas se hacen bien, suele mirarse la experiencia de otros países. Algunos apuntan a Nueva Zelanda, en donde el ex Director de la Comisión de Servicios Estatales, Donald Humm señalaba que en cuatro años, en el sector empresarial público, se redujo un plantel de 88.000 funcionarios a 32.000, destacando la velocidad del cambio y el apoyo de funcionarios mismos. Eso es un imposible para nosotros, que tenemos un 8% de la población que son funcionarios públicos, y sindicatos centralizados y esclerosados en mentalidades retrógradas que ven en la privatización una mala palabra. Y creen que existe la lucha de clases.
En cambio sí se puede pensar en socializar las empresas estatales, lo que supone tratar a los ciudadanos comunes atendiendo a su doble condición de accionistas y clientes. Hace años, un jerarca de Antel decía que era la empresa más rentable de Sudamérica. Es claro, trabajando en monopolio, sin competencia, y fijando los precios que quería, la rentabilidad la imponían como querían. Pero una de las cosas que podría hacer Antel -y ese sí que sería un paso importante para reformar el Estado en serio- es quitarnos el lamentable galardón de ser junto con Ecuador los dos únicos países costeños de Sudamérica no conectados al "backbone" internacional por cables de fibra óptica submarina. Antel dice que la demanda de sus usuarios está satisfecha. Pero se observa que mientras Nueva Zelanda, Irlanda e Israel tienen más de una conexión de cables de fibra óptica con el resto del mundo, nosotros no tenemos ninguno. Tenerlo, abarataría todas las formas de telecomunicación. Se abrirían nuevas fuentes de trabajo, exportaciones de servicios se restablecerían enlaces, lográndose una inserción del país en las redes académicas globales, descentralizando y dando las mismas oportunidades a todos, sin importar su residencia. De no hacerlo así, muchos uruguayos se irán a trabajar a los "call centers" que se instalan en Argentina y Brasil, y se perjudicarán a operadores turísticos que no pueden ofrecer conectividad internacional a viajeros que nos visitan y que están acostumbrados a tenerla, se perderán oportunidades de empleos remotos y correremos el riesgo de convertirnos otra vez en una provincia más de Argentina o Brasil. Va en juego nuestra independencia como país, y disponiendo de seiscientos mil uruguayos internautas con precios internacionales de 15 a 20 dólares de banda ancha, vamos a ver si la demanda local está satisfecha, como dicen.
No será la madre de todas las reformas, pero por lo menos, una sobrina bisnieta, que ya es algo.
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