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Viernes 27.02.2009, 14:18 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[HOY IMPORTA]

¡Qué negocio!

Gracias a Dios Pluna mantiene el invicto en materia de accidentes. Toquemos madera sin patas para que siga así.

El lunes pasado, al aterrizar en Aeroparque un vuelo de Punta del Este, el avión se quedó sin dirección, pero la pericia de los pilotos -que curiosamente se dice que entrenaron la maniobra pero que no estaban muy convencidos de su sentido- salvó la situación con toda felicidad.

Pero Pluna y su asociación con la empresa Leadgate son permanentemente noticia. Y siempre en contra de nuestros intereses. Aquí va una perla más del collar.

Sabido es que para que el negocio se concretara, el Estado -nosotros- tuvo que equilibrar a la empresa para que su patrimonio llegara a un millón de dólares.

Entonces pagó -pagamos- en dinero y en especie, transfiriendo al socio la propiedad del Hotel Argentino, que se avaluó en nueve millones de dólares.

El contrato establecía que Leadgate podía revender el hotel en dos años. Entonces el Estado -una vez más nosotros los uruguayos- lo recompró en once millones cien mil dólares, o sea que perdimos en la operación de ida y vuelta un veintitrés por ciento del precio.

Dicen que esto se explica fácilmente porque la diferencia se debe a intereses sobre una proporción de los bonos estadounidenses más el riesgo país uruguayo.

Sea lo que sea, llámesele hache. Siempre habrá una razón oficial para explicar barbaridades, entre las cuales la de mayor grosor de esta operación fue la garantía que dio el Estado -siempre nosotros- titular del 25% de las acciones, para que el socio, que tiene el 75%, comprara a su albedrío una flota de aviones.

Y como contragarantía, daba -nos daba- sus propias acciones en Pluna, que deben valer tres vintenes y dos cobres. Por ende, si el Estado paga -es decir si pagamos- nos quedamos con un clavo remachado.

Es increíble pero esto a nadie le importa nada. El asunto es la ley de Caducidad. Entretanto, festejemos uruguayos, festejemos, este negocio formidable en el que somos parte, que mezcla el bochorno con la irresponsabilidad de quienes nos metieron en él.

El País Digital

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