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MARÍA JULIA POU
El vocablo "cultura" tiene su origen en el latín y nos habla de cultivo, de crianza. Muchas definiciones podremos encontrar al respecto pero para el enfoque de hoy tomaremos la de Spradley & McCurdy (1975) quienes definen la cultura como el conocimiento adquirido que las personas utilizan para interpretar su experiencia y generar comportamientos.
Por su parte Collingwood ha definido cultura como todo lo que una persona necesita saber para actuar adecuadamente dentro de un grupo social. Es decir, que si bien Cultura y Sociedad son generalmente definidos en forma separada, es necesario destacar que hay entre ellos una inevitable relación.
La cultura empieza por el uso de la lengua, en nuestro caso del idioma español, y éste se ha ido enriqueciendo con la incorporación de modismos, de expresiones populares y coloquiales que se vuelven de uso corriente.
Así es cómo claramente en nuestra América distinguimos los distintos orígenes de acuerdo no sólo a la entonación con que se habla sino también por el uso de vocablos que nos identifican y nos asignan un lugar de procedencia en el mapa.
En nuestro Uruguay nos hemos vanagloriado con razón de ser un país culto como pocos. Desde el grado de alfabetización que nos ubicaba en el primer lugar del continente en la materia, pasando por las expresiones culturales específicas más variadas -artes plásticas, literatura, música, ciencias, artesanías, canto popular en todas sus vertientes- hasta la media cultural de nuestro pueblo que se expresaba en la convivencia que siempre fue modelo digno de alabanza por nuestros vecinos.
Todo nos ha señalado co-mo un país culto en el sentido total de la palabra.
Pero es necesario reconocer que este galardón del que nos sentimos tan orgullosos, lo tenemos que preservar con nuestro comportamiento cotidiano.
No son una muestra de un pueblo culto algunas conductas que nos trae la televisión en los ámbitos deportivos.
No son dignas de imitar las formas de expresión de algunos actores sociales, no es emblema de un país culto que el índice de repetición en la escuela primaria o el abandono prematuro de la educación media no disminuyan de forma contundente a la luz del esfuerzo que hace la sociedad para que los ciudadanos empiecen a serlo desde el principio de su vida.
Un capítulo importante en la educación deberá ser el cuidado del ambiente, que más allá de la responsabilidad e interés en conservar nuestro hábitat, deberá aflorar la solidaridad -que también es cultura- como muestra de que se entendió uno de los problemas que afecta a todo el mundo por igual.
El grado de cultura se mide también por el respeto por el conocimiento, por el cuidado de lo que es de uso del público en general -lo que es de todos lo cuido como si fuera sólo mío- es decir, permitir que lo que nosotros hacemos dé lugar al elogio que deseamos recibir: el Uruguay es un pueblo culto.
Y tener presente que la historia no va a ser sólo la que nos contaron hasta el presente sino la que estamos viviendo y haciendo nosotros mismos todos los días.
Seremos responsables de los próximos capítulos que se escriban sobre el Uruguay cultural.
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