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Reacciones. Gobernantes y artistas de varios países aplaudieron a los ganadores
GUILLERMO ZAPIOLA
La celebración ha sido realmente global. Los premios Oscar han generado reacciones en India, en Inglaterra, en Australia, en España. Mucha gente ha tenido cosas para festejar.
El carácter "globalizado" de los premios de este año explica también porqué el acontecimiento parece haber sido seguido con particular atención en el extranjero. Uno de los contrastes más perceptibles se produjo con una separación de catorce mil quinientos quilómetros: mientras el pequeño Rubinai Ali, de nueve años, subía al escenario del teatro Kodak junto con los demás intérpretes de ¿Quién quiere ser millonario?, su madre seguía la ceremonia por televisión desde su modesta vivienda en Mumbai, en cuyo interior solamente caben tres adultos.
Sus tres hijos estaban a su lado, durmiendo en el piso, mientras en la calle los periodistas y las cámaras de televisión captaban el festejo barrial, con gente bailando al compás de Jai Ho, la más popular (y ganadora del Oscar) canción del film. "Estamos muy contentos. Es como si nos hubiese caído un manto de felicidad del cielo", declaró un vecino que conoce a Alí desde que nació. Pero él y otros saben que los problemas del barrio no terminan con una noche de celebración, y que hoy o mañana seguirán enfrentados a la existencia de todos los días.
Ello no ha impedido que en la India se felicitaran por el éxito del film. "Han hecho que la India esté orgullosa", sostuvo el primer ministro Manmohan Singh en un mensaje a todo el equipo de filmación. Y sobreponiéndose a los inevitables pesimistas que han podido insistir en que "una película no arregla nada", el segundo director de fotografía del film, Mrinal Desai, pudo agregar que confía en que éste incremente "la credibilidad de la industria cinematográfica india".
Mientras eso ocurre en la India, las felicitaciones llueven también sobre los responsables del film desde la antigua metrópolis colonial. El primer ministro británico Gordon Brown felicitó al director Danny Boyle y a la actriz Kate Winslet, ambos nacidos en Inglaterra, destacando "el éxito fantástico" que sus respectivos Oscar constituyen para su país.
"El triunfo de ¿Quién quiere ser millonario?, además del Oscar como mejor actriz a Kate Winslet es un éxito fantástico para la industria cinematográfica británica", sostuvo el ministro, y aseguró que la entrega de los premios constituyó "una gran noche para Gran Bretaña". Brown felicitó a Boyle y "a todos quienes trabajaron en ¿Quién quiere ser millonario? por haber ganado una cantidad increíble de Oscar". Según un comunicado de Downing Street, el ministro hizo saber que tuvo "la suerte de ver la película, y comprendo porqué le ha gustado a tanta gente en el mundo. Su éxito es verdaderamente merecido".
También en España hubo celebraciones. Pedro Almodóvar confesó que lloró cuando vio ganar a su amiga Penélope Cruz, y sostuvo que fue un triunfo "del talento, la ambición y la tenacidad". Según el cineasta, "el Oscar de Penélope es el triunfo del valor de una actriz que se lanza de cabeza y sin paracaídas, a veces sin contar con apoyaturas dramáticas suficientes, como es el caso de la película de Allen, que ella suple con gracia, corazón y carisma". Por su parte Ángeles González-Sinde, presidenta de la Academia Española del Cine, elogió a Cruz como "una muy buena actriz y muy buena profesional".
Los políticos se subieron también a la fiesta. María Teresa Fernández de la Vega, primera vicepresidenta del gobierno, felicitó a Cruz y declaró que su Oscar sitúa "a los actores y actrices españolas al más alto nivel". El presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, se declaró "satisfecho y a gusto" con el Oscar. "Una nación", afirmó Bono, "es una comunidad de sentimientos, y somos muchos los que hoy, en la nación española, tenemos el sentimiento compartido de alegría y satisfacción".
Pero donde más lo celebraron fue en Alcobendas, localidad natal de Cruz, quien mencionó al pueblo en el discurso de agradecimiento y cuyo alcalde, Ignacio García de Vinuesa, ha anunciado que el municipio le rendirá un homenaje que, reconoció un tanto avergonzado, se le debe desde hace tiempo.
Hasta el momento, Alcobendas no le había realizado ningún tributo a la actriz, y el alcalde razona que eso debe cambiar, sobre todo cuando lo que dijo en su discurso fue "yo nací en Alcobendas, de la que estoy orgullosa". García de Vinuesa sostuvo que "Penélope nos ha dado una gran lección, y le vamos a devolver lo que ha hecho por nosotros".
La vieja multiplicadora de dólares pertenece al pasado y eso lo saben los ganadores. Casi todas las películas llegaron luego de haber cosechado espectadores y por eso un lugar común en las reacciones tienen que ver con el prestigio, con el llamado de atención que permite realizar hacia talentos o industrias distantes de Hollywood. ¿Quién quiere ser millonario?, ya había facturado 165 millones de dólares en todo el mundo, y había costado apenas 15 millones.
Cifras preliminares indican que el público de la televisación de la ceremonia de entrega de los Oscar creció alrededor de un seis por ciento con respecto al año anterior. De acuerdo a informaciones de la cadena ABC, que transmitió la ceremonia desde el teatro Kodak de Los Angeles, el `rating` del programa habría sido de un 23.3%, un crecimiento no espectacular pero ciertamente perceptible comparado con el 21.9% del año pasado. También se advirtió un crecimiento con respecto al total de televisores encendidos en los Estados Unidos: este año la ceremonia fue vista por el 35% de quienes estaban viendo televisión a la hora de la ceremonia, mientras que en el 2008 fue solamente un 33%.
El 2008 fue el año más bajo en `rating` de público televisivo para la ceremonia de entrega en toda la historia del Oscar. El cambio de formato del programa, que implicó una recuperación del sentido del espectáculo, la mezcla de austeridad y `glamour` (con un artificio que se denunciaba como tal), el homenaje a los diversos géneros cinematográficos, el tono intimista aplicado al diálogo de varios famosos con cada uno de los candidatos en el rubro actuación, pueden haber contribuido, según los observadores, a la mejora en los números. Los organizadores de la Academia (y muchos espectadores) razonan también que uno de los atractivos de la noche radicó en la sorprendente versatilidad revelada por Hugh Hackman como conductor, que demostró que podía cantar y bailar y omitió los chistes patéticos que hicieron de la entrega de los Independiente Spirit Awards del día anterior (pese al acierto de muchos de los premios) una experiencia difícil de digerir.
Las celebraciones de Hollywood continuaron varias horas después de culminada la ceremonia, con fiestas alrededor de la ciudad en la que todos participaron, desde Kate Winslet hasta los más pequeños actores de "¿Quién quiere ser millonario?", que tuvieron que apelar al café para mantenerse en pie. Las fiestas tuvieron todo el glamour del caso y las celebridades confraternizaron en las distintas veladas, aunque la lista de invitados en general fue más corta de lo habitual y se sirvió comida menos extravagante.
Que Mickey Rourke no ganara hizo que en varios medios lo vieran como el gran derrotado. El actor venía de conseguir la noche anterior el Spirit Independent por su desempeño en "El luchador", dando un show que incluyó un beso en la boca al director Darren Aronofsky y agradeciendo a su perro chihuahua recientemente muerto. La película tuvo otros dos Spirit: a mejor film y mejor fotografía.
Un tropiezo en la emisión televisiva uruguaya se produjo cuando la conductora no entendía lo que estaba haciendo Ben Stiller cuando subió al escenario acompañando a Natalie Portman con lentes oscuros, una barba y una peluca. En realidad, Stiller estaba parodiando a su colega Joaquin Phoenix quien pocos días antes había dado una muy comentada entrevista a David Letterman en su "Late show", donde se despidió del cine para dedicarse a la música.
En medio de la sobriedad y elegancia que dominó el vestuario de los concurrentes, hubo una nota de curiosidad con respecto al vestido de Penélope Cruz. La actriz española confesó que se trataba de una pieza cosida hace sesenta años por Pierre Balmain, que ella había encontrado por primera vez en una tienda de Los Ángeles ocho años atrás. "Me dije a mí misma que algún día volvería por él. Lo volví a ver la semana pasada, tiene 60 años, seguía allí y me quedaba bien, así que pensé que era una buena señal".
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