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Desde hace un tiempo se viene reiterando la mala costumbre de dirigir directamente al Presidente de la República una serie de planteos gremiales donde se saltean los centros naturales de decisión o las jerarquías directas de los reclamados.
Últimamente se ha agregado otra variante, por la cual el Presidente deriva a sus subordinados más directos la atención de los reclamantes, en un total desconocimiento de los responsables del Servicio, que afecta la seriedad con que deben manejarse las cuestiones públicas. La Constitución no reconoce en ningún artículo al Presidente de la República ese rol de Gran Sacerdote con que quieren investirlo, por lo que sería prudente volver el agua a sus cauces y que los interesados sigan siempre el orden que corresponde respetar.
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