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ALEJANDRO NOGUEIRA | LA CAMPAÑA
Javier de Haedo puso el dedo en la llaga, para su candidato, Jorge Larrañaga, y para todos los demás, incluido el ex presidente Luis Lacalle, trenzado con el economista en un oscuro diferendo.
Dijo el experto que ningún candidato, incluido Larrañaga, podía hacer promesas que supongan aumento del gasto o reducción de los impuestos, porque hay déficit fiscal, otra vez.
Se trata de un lenguaje poco electoral, pero que los uruguayos debieran escuchar a partir de las experiencias vividas en el pasado reciente.
Este gobierno eligió y decidió gastar el superávit fiscal de los años de bonanza en pagar la deuda social. Quizá cualquier gobierno que asumiera tras la crisis de 2002 hubiera hecho la misma opción. Lo cierto es que, carentes de cobre o de petróleo, con la firme decisión de no poner detracciones al agro en auge que nos fue salvando de la crisis, sin gravar la inversiones extranjeras, tan necesarias para entrar en el mapa mundial, llegamos a 2010 con desequilibrio fiscal y, muy probablemente, en medio de una fuerte recesión mundial.
El diagnóstico de De Haedo, confirmado por cualquier análisis independiente, señala que en 2010, cuando asuma el nuevo gobierno, no importa de qué pelo, no se podrá gastar más que lo que entra, más bien menos. Y lo que entra será menos que ahora y habrá que financiar la reforma de la salud, el Plan de Equidad, con sus pensiones a la vejez y sus asignaciones familiares (o ¿algún candidato va a anunciar que las eliminará?), la flexibilización del acceso a la jubilación, los nuevos funcionarios del Estado, los aumentos de Cofe y de los entes, no sea que nos ocupen las oficinas públicas. O sea que vamos a enfrentar a un país más "solidario" y "redistributivo" con menos recursos fiscales.
El dedo en la llaga de De Haedo es que ni Larrañaga, ni Lacalle, ni Mujica, ni ninguno de los otros candidatos posibles, van a reducir la presión fiscal, incluido el IRPF y el IASS. Por eso De Haedo coloca, diplomáticamente, las promesas electorales de Larrañaga y de Lacalle de eliminar el IASS y el IRPF en una cuestión programática (a largo plazo, o sea ninguna) y no en una medida de gobierno del primer año.
Los economistas, también a veces, pocas, los periodistas, tienen la obligación de decir algunas cosas desagradables. Los periodistas no juegan en la lid electoral, pero los economistas, en muchos casos, en mayor o menor medida, sí juegan. Naturalmente son los políticos, los líderes, los que deciden en última instancia, para bien y para mal. Los asesores solo asesoran, sólo eso. Tienen razón muchas veces, otras no.
Ahora, desde las tinieblas del Herrerismo, sin rostro alguno, se acusa a De Haedo de intentar canjear su apoyo por una banca al Senado. Y nadie da la cara por semejante acusación, ni siquiera un adláter de tercera categoría. Esta campaña luce que será sucia, pero que en ella importan las opiniones serias e independientes. La cuestión, en última instancia, es el voto -de quienes entienden y de quienes no entienden-, todo vale igual y eso está bien. El ciudadano, sepa o no, deberá preguntarse ante la promesa del político, ¿quién lo paga? Me importa más que De Haedo diga que no hay "espacio fiscal" para promesas vanas de si quiere una banca en el Senado, la que, en su actual confort, le quedaría chica; no necesita.
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