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REBAR | BUENOS DÍAS
Todos los años, la llegada del Carnaval me remueve episodios de la niñez, cuando esperaba al dios Momo en medio de una expectativa lindante con la angustia. El tablado a punto de terminarse: la piñata, colgando las ilusiones del piberío de acertarle con un palazo, a ojos vendados; la seriedad con que el almacenero de la esquina se preparaba para presidir, una vez más, la "dina Comicción del tinglado"; las rifas de cualquier cosa, pero siempre a real el número; los parodistas, los cantores criollos, las impecables troupes y las desarrapadas murgas, con su vocero y recaudador que gritaba hasta donde le daba la voz... "¡a vintén lo`verso!"
El tiempo eliminó casi todo aquello, e impuso características inimaginables por esos remotos días. Se redujo el número de tablados barriales; la piñata... bueno, la piñata fue cedida, en pase definitivo, a las barrabravas del fútbol; el almacenero esquinero agoniza a las puertas del supermercado; las rifas... (¿sobreviven?... No sé...); los parodistas fueron desapareciendo a medida que la vida misma se iba convirtiendo en una parodia, que Discepolín se adelantó a describir como nadie pudo hacerlo ni antes ni después de lo suyo; los cantores criollos clausuraron sus vihuelas, ante el ataque feroz de las guitarras rockeras; las troupes se incorporaron al álbum de los recuerdos perdidos... y las murgas, cada vez más sofisticadas, se acercan a Broadway y su Calle 42.
Como consecuencia de tales transformaciones, el carnaval actual presenta particularidades que merecen señalarse. Aquel delirante Lametz que encabezaba el corso inaugural por 18 de Julio exhibiendo, orgulloso, sus medallas de Marqués de las Cabriolas, ha sido sustituido por una hermosa Reina del Carnaval que, desde su trono de ficción, contempla últimamente cómo una princesa de verdad se mezcla en las históricas Llamadas, las mismas que hacen hervir la sangre en una ministra que desde la política llegó al carnaval, y se prende al tamboril como al cargo; entretanto, una colega de gabinete ya está pensando en crear, para las próximas carnestolendas, un desfile de amazonas...
En cambio, otro ministro llegó desde el carnaval a la política, para tomar en sus manos el leño ardiente de la Economía y las Finanzas, justo cuando estallaba la crisis financiera mundial. Se comenta que en el momento de asumir la función, él -que se hizo popular como exitoso autor de los versos de la murga "Contrafarsa"- le rindió un cariñoso homenaje a la competencia en tan solo dos palabras: "AGARRATE CATALINA".
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