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Para salir de este brete y ver cuál puede ser su cura, es importante saber cómo se desarrolló esta crisis. Por lo que se escucha y se lee, se percibe una gran confusión y que las medidas propuestas y algunas ya tomadas para corregir el rumbo, producto de preconceptos, intereses creados, pánico, voluntarismo y diagnósticos errados, pueden llevar a que se apliquen remedios equivocados y que esta preocupante recesión, vaya en camino de convertirse en una depresión económica. Entre los ingredientes de este cocktail fatídico, figuran el hiper consumismo norteamericano, la falta de ahorro y de inversión pública. La creación de nuevos "productos" financieros complicada por la velocidad de la revolución informática potenciada por el descontrol de los entes reguladores y la codicia de muchos empresarios y altos ejecutivos de la industria de la construcción, de la banca, de las grandes compañías aseguradoras de las agencias calificadoras de riesgo y presiones políticas populistas. Los últimos gobiernos norteamericanos atizaron el problema al impulsar, sin freno, la política de dar acceso a la vivienda propia a la mayor cantidad posible de ciudadanos. Finalmente, no olvidemos el fraude, siempre presente en el género humano, que potenció este descalabro, además de los conflictos de Irak y Afganistán, con sus consecuencias fiscales amén de la latente lucha contra el terrorismo islámico, que distrajo la atención de la administración Bush.
Greenspan, uno de los grandes responsables, por ser Presidente de la Reserva Federal y cuyo rol era cuidar la moneda y vigilar el sistema bancario, confió en que el mercado iba a auto controlarse y corregir los problemas que pudieran suscitarse. El gran oráculo, al que todos escuchaban con reverencia, no estaba solo. Sus colegas, en la Comisión Nacional de Valores, la Superintendencia de Seguros y otros entes federales y estatales fracasaron vergonzosamente, hicieron la plancha, en vez de vigilar el comportamiento de los agentes económicos. Durante los años previos a esta crisis se vivió en el mundo, con pequeñas interrupciones, una gran, aunque despareja, prosperidad. El consumismo desenfrenado de los EE.UU., impulsó las economías de muchos países que se pusieron a fabricar y a exportar aparatos eléctricos y electrónicos, ropa y automotores de lujo. A su vez los Norteamericanos también vendían al mundo su tecnología, medicinas, música, maquinaria, servicios de punta, algunos de los cuales sub contrataban. La Unión Europea no se quedaba atrás. En la gran fiesta empezaron a participar en forma exponencial, países como China e India. Otros se beneficiaban de una demanda cada vez más grande, de productos, servicios y materias primas como el petróleo, el mineral de hierro, el cobre, la soja, el trigo, el maíz, para dar algunos ejemplos. Como resultado de la crisis, tambalearon importantes bancos y compañías de seguro. Cayó la demanda estrepitosamente. Las bolsas se valores se desplomaron. La quiebra de Lehman, convenció por sus consecuencias, a los gobiernos y a los bancos centrales de las principales potencias, de no dejar caer ningún otro jugador de primera línea. Se nacionalizó AIG. Se inyectó capital a los bancos. Se lanzaron programas para asistir a los deudores hipotecarios y estimular el crédito al consumo y a la industria. Se bajó la tasa de interés. Se estudia cómo desarrollar un método para transferir activos "tóxicos" (préstamos mal dados y morosos) a un ente o entes y permitir que el profundamente dañado sistema financiero se recupere. Hace unos días, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un plan de US$ 787 mil millones de los cuales 281 mil millones se irán en recortes impositivos para estimular el consumo de familias de bajos ingresos y de Pymes, otro tanto en planes asistenciales, pero algunos como John Cornyn, Senador Republicano por Texas piensan: "no podemos alcanzar la prosperidad gastando". Hasta ahora la respuesta de la administración Obama consiste en una expansión fiscal similar a la que utilizó Japón, cuando entró en recesión en 1990, y que tuvo resultados mediocres. La gente que tiene miedo de perder su trabajo, no se va a poner a gastar, comprar un nuevo auto. Lo que les den como devolución o reducción de impuestos será ahorrado. Por eso es necesario, en forma urgente, que se licite una buena cantidad de obras públicas. Hay que compensar el enorme déficit del Estado, resultante de este plan, para que quede algo. Dejar atrás esta recesión vía inversión, parece ineludible.
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