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La ex ministra de Trabajo del gobierno blanco plantea modernizar la negociación colectiva, haciéndola más abarcativa. Propone elaborar políticas de Estado mediante la apertura de una instancia de diálogo social que, además, evite enfrentamientos.
DANIEL ISGLEAS
Luis Alberto Lacalle la contactó en enero de 2007 y le propuso sumarse a una columna más amplia que el Herrerismo, lo que después se conocería como Unidad Nacional (UNA). Piñeyrúa actuó en los 90 en el Movimiento Nacional de Rocha (MNR), la agrupación de Carlos Julio Pereyra que tradicionalmente se ubicó más a la izquierda del partido. Allí estuvo con dirigentes que hoy la acompañan en Concordia Nacional, el grupo de Ignacio de Posadas, al que se sumó formalmente ayer.
- Dentro del Partido Nacional, el MNR y Concordia Nacional parecen dos polos opuestos. ¿Por qué el cambio?
- El país tiene desafíos importantes. Lacalle va a gobernar como se necesita. Ya lo demostró y tiene un equipo probado, ahora renovado. Lacalle cambió, abrió un grupo político más allá del Herrerismo. Respecto a estar en Concordia Nacional, ahora todos recuerdan a Ignacio de Posadas como ministro de Economía, con sus puntos de vista, pero nadie se acuerda que empezó en Por la Patria. Es la misma raíz wilsonista. Concordia Nacional tiene esa orientación.
- Dejó un ventajoso puesto en la OIT y volvió a hacer política en el Uruguay. ¿Por qué?
- Hay muchas cosas para hacer y resolver. Hay descreimiento en algunos valores, en los valores democráticos. Los indicadores de pobreza no están bien a pesar de la bonanza de que gozó este gobierno. Si tomamos los parámetros del final del último gobierno de Julio María Sanguinetti ahora hay 150.000 pobres más a pesar de que el PIB creció 23 puntos porcentuales. La educación está en declive. El aumento de la asignación del PIB no se tradujo en una mejora de su calidad.
- ¿En qué medidas generales piensa para revertir este panorama que describe?
- En estimular, por ejemplo, el empleo juvenil. Hoy hay tres veces más jóvenes desempleados que en el gobierno de Sanguinetti. La crisis llegó, y prueba de ello es que el número de desempleados aumentó. Queremos tener más y mejores empleos. La meta inicial es preservar empleos, hacer mantenimiento. En relación con eso hay que modificar el seguro de paro, por ejemplo ampliando la cobertura a aquellas personas que sean el único sostén del hogar. Una cosa en la que coincidimos con el Pit-Cnt es que haya una rotación en el seguro de paro. El próximo gobierno va a tener limitadas sus acciones porque esta administración no desarrolló políticas contracíclicas, es decir que no se ahorró para enfrentar tiempos de crisis.
- ¿Es partidaria de que haya una ley que obligue a los empresarios a justificar el despido de los empleados, como es la idea del gobierno?
- En este momento, si hablamos de preservar el trabajo, no tenemos que introducir ningún elemento que pueda conducir a que los empresarios no contraten trabajadores.
- Entonces, ¿qué es lo primero que se debería hacer?.
- La mejor forma de enfrentar estos momentos que se avecinan es a través de un diálogo obrero-patronal, un diálogo social, no solo en lo laboral, sino para conformar políticas de Estado para evitar la confrontación.
- Lacalle dijo que va a mantener el funcionamiento de los Consejos de Salarios, pero con modificaciones. ¿Cuáles serían esos ajustes?
- Son un ámbito de diálogo social pero con un mecanismo muy antiguo. Son de la década del `40, creados con la finalidad de regular los mínimos salariales. Sin desmantelar nada, hay que ir hacia un modelo más moderno de negociación colectiva. El hecho de que todo se concentre en la negociación por rama y que las empresas no puedan dejar de cumplir lo que se acuerda a nivel de rama, puede conducir al cierre de empresas. Eso ya no se da en las relaciones laborales modernas. Debe haber una ley marco que le dé certezas a la negociación colectiva y, por otro lado, que las partes puedan negociar libremente y decidir a qué nivel lo hacen, si por empresa o por rama de actividad. Eso es lo moderno, enriquecer la negociación con aspectos no solo salariales.
Es la hija de Bernardo Piñeyrúa, un capitán de la Armada opuesto al golpe de Estado a quien el ex presidente Julio María Sanguinetti nombró en 1985 como primer embajador uruguayo en Cuba tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el gobierno de la isla. En las elecciones de 1989 fue electa diputada para el período 1990-1995 por el Movimiento Nacional de Rocha (MNR). Entre 1995 y diciembre de 1999 ocupó la titularidad del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS). Desde 1999 hasta el mes de septiembre de 2007 dirigió la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Buenos Aires, para la región. Desde entonces hasta ahora, en que volvió a radicarse en Montevideo, se hizo cargo de la oficina de la OIT en la ciudad de La Paz, Bolivia.
Nombre: Ana Lía Piñeyrúa
Nació: Montevideo, 1954
Profesión: Abogada,
Inicios: Convencional, 1982, por ACF
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