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Debut. La Filarmónica y su "Noche de ópera"
ALEXANDER LALUZ
El pasado lunes la Orquesta Filarmónica de Montevideo, bajo la dirección de Javier Logioia Orbe, estrenó Noche de ópera en el Parque Rivera. Es el primer espectáculo del ciclo Cruzando barrios de la temporada de verano 2009.
Cuando faltaban pocos minutos para las 21 horas, los técnicos seguían ajustando las luces y la amplificación. La improvisada platea tenía aún varios lugares libres. Sin embargo, muchos prefirieron acomodarse con sus sillas plegables, sus termos, los chicos, en una pequeña elevación al costado de la platea. Atrás, sobre el camino de arena que nace en la calle Zum Felde, Javier Logioia, flamante director estable de la Filarmónica, observaba con atención los movimientos de la orquesta.
Era previsible, el escenario sin techo y el viento que ya se hacía notar iban a jugar en contra del sonido. Todo -o casi todo- quedaba en manos de la amplificación y en la buena disposición del público para escuchar esta Noche de ópera, con una selección de conocidas arias y oberturas operísticas.
Y así fue. Justo cuando la Luna llena se levantaba detrás de la orquesta, resonó entre las ráfagas de viento el ya habitual "bienvenidos todas y todos". Luego el silencio. La amplificación se corta. "Hola, hola, sí, sí… probando… ". Y de nuevo la presentación de los artistas, la (formal) bienvenida a Logioia Orbe. Los aplausos y exclamaciones llegaron después del anuncio del espectáculo: Montevideo por tres, con murga, tango y candombe, que se estrenó en la noche de ayer. Pero el lunes, la protagonista fue la ópera con la Filarmónica en pleno, su flamante director estable y cuatro reconocidas voces: Eiko Senda (soprano), Juan Carlos Valls (tenor), Federico Sanguinetti (barítono) y Ariel Cazes (bajo).
Mozart y su Obertura de Las bodas de Fígaro abrieron un programa que se dividió en tres partes, cada una con el correspondiente anuncio de las piezas. Cada interpretación despertaba la adhesión inmediata del público. Nadie reprimía las exclamaciones o el aplauso. Así ocurrió con las conmovedoras performances de Eiko Senda, el temperamento de Cazes, la sobriedad de Sanguinetti o la soltura de Valls. Es que el solemne silencio del concierto "culto" nada tenía que hacer entre la arena y los árboles. Sin embargo, otros signos de la formalidad sinfónica y operística se las ingeniaron para hacer su salida veraniega. No hay que olvidarse que para cualquiera de nuestras orquestas sinfónicas sigue siendo difícil desprenderse de sus aires provincianos (o coloniales), que casi siempre se quedan en pobres reproducciones del modelo sinfónico europeo. Pero el público, como ocurrió este lunes, suele encontrar el modo de sortear esas imposturas y reclamar, desde la participación, otras propuestas. Algo que el propio Logioia Orbe reconoce: "a mi juicio no existe más el concepto de la orquesta sinfónica anquilosada en un teatro tocando sólo para un público que paga un abono y que es siempre el mismo".
Mañana, a las 21 horas, Noche de ópera se presentará en la explanada del Cilindro Municipal, y el viernes será el turno de Montevideo por tres.
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