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HUGO GARCÍA ROBLES | LAS COLUMNAS
En la historia de la música popular rioplatense y en el ámbito social, cultural y político europeo, el café ha sido una institución de importancia inabarcable. El gran George Steiner lo identifica entre los hechos comunes a la esencia del Viejo Continente. Se ha subrayado su peso en la gestación de las tertulias intelectuales y Zum Felde acuñó el estigma "intelectual de café". Su hospitalaria condición hacia quien escribe es palpable en la oferta gratuita de papel, tinta y pluma, habitual en los cafés del pasado. Se ha mantenido todavía hoy en algunos venerables cafés barceloneses.
Otro tanto correspondería decir del tango, porque muchas veces los cafés eran animados por orquestas y cantores que, para citar dos ejemplos arquetípicos, bastaría recordar que Julio Sosa cantó en el recordado café Ateneo y el estreno de La Cumparsita en la confitería La Giralda.
Las confiterías y salones de té, tan hermanas del café que solían confundirse o compartir el mismo espacio, fueron igualmente receptivas al tango. En el inolvidable Tupí Nambá de 18 de Julio, instalado donde hoy existe la Galería Central, hubo palco con orquesta. Allí, en la década del `30, el Sexteto de Elvino Vardaro, en el cual figuraba un Aníbal Troilo veinteañero, se presentaba regularmente. El Tupí tenía un área de su extenso salón con las mesas cubiertas por manteles, ocultando el mármol de las restantes, porque allí era el té y no el café, la infusión preferida.
Por todo lo que antecede es digno de aplauso que los sábados en la confitería Lion d`Or, que no ha cambiado en su casi siglo de existencia, se escuche tango en vivo. Instalada en 18 de Julio casi Pablo de María, a las 21 horas, cada sábado se presentan Cinco para el Tango, con algunas incorporaciones que hacen que en realidad sean siete y no cinco.
El acontecimiento se extiende hasta la hora 24 y alterna tramos puramente instrumentales, que los presentes aprovechan para bailar en la pista cercana, abandonando las mesas que escoltan a los músicos. Éstos son Mario Beretta en violín, un discípulo de Szilagi y Pritsch, el bajo de Silvio Mario Arias, Eduardo Nogués en el piano y Jorge Malvarez que suele sumar su bandoneón a la Filarmónica de Montevideo. Cantan Miguel Ángel Maidana, ampliamente conocido, de regreso después de tres meses en Canadá, adonde acude cada año, Alejandra de Negris y Armando Leal.
El sábado pasado, con la confitería colmada, no hubo pausa para los bailarines en los tangos y milongas instrumentales. Mientras que los aplausos generosos acompañaron a los cantores. Para los aficionados que deseen seguirlos, además de los sábados del Lion d`Or, el próximo viernes 20 estarán en el Fortín de Santa Rosa. Vale la pena escucharlos.
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