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La medianoche quedó atrás. En Radio Sarandí sacan al aire a una mujer. Dice tener 56 años. Está desesperada. Su hijo le agrede verbalmente, día tras día. Su esposo lo permite, y hasta se suma. No le pegan, pero la pobre dice que no aguanta más. Que hace décadas que soporta lo insoportable, y que no sabe qué hacer. Solloza. Pide ayuda. Ha pensado en irse de su casa. Pero también en quitarse la vida. Del otro lado, un vacilante locutor de voz articulada le pide a la mujer que siga escuchando la radio. Y le recomienda que cuando se vaya a la cama y apague la luz, rece a Dios para pedirle ayuda. "Ya lo hice. Hace años que lo hago. Pero lo que necesito es un consejo", clama la mujer. El locutor se disculpa. Le dice que él no puede dar consejos. Y antes de despedirse le pide que siga escuchando el programa. Le va a hacer bien, promete.
Me indigno. Mi señora se pregunta por qué nadie le sugiere a esta pobre mujer que busque ayuda profesional y, a la vez, que haga la denuncia correspondiente antes que su caso pase a engrosar las estadísticas de muerte por violencia doméstica. Yo me pregunto si esa misma noche esa misma mujer no buscará ayuda en algún manochanta de esos que abundan en el dial uruguayo, y que tampoco le ayudará pero le sacará algunos pesos. Y si hastiada de tanto desprecio, no terminará buscando otra vida en la muerte.
¿En qué país vivimos? Yo digo que en uno donde se han perdido los puntos de referencia. Donde los códigos están cada día más difusos. Donde se ha perdido el respeto por el semejante. Donde los antivalores están ganando la partida.
Los políticos miran para otro lado. Todos ellos. ¿Usted escuchó acaso a alguno que se mostrara escandalizado por tanto pastor hablando en portuñol, tanto presunto exorcista combatiendo demonios en radio y tanto personaje siniestro tirando cartas y facturando con la desgracia ajena en la madrugada? ¿Usted oyó a alguno llamando al Estado a asumir la responsabilidad que tiene cuando desde las ondas que concede se tima a los más infelices, a los que más sufren, a los que más necesitan? Yo no. Pero sí escucho a un presidenciable que cada vez que abre la boca es para decir una palabrota. Ahora dice que si es presidente va a dar prioridad al agua. Ojalá el líquido elemento le sirva, además de para limpiar su conciencia, para lavarse la boca.
¿Y el Estado? ¿Será que tiene la autoridad para controlar a otros cuando la realidad marca que no puede controlarse a sí mismo? ¿O cómo debe entenderse que el canal oficial emita algunos programas que, si se emitieran en un canal privado, serían tildados de televisión basura por algún funcionario de esos que por suerte ya van de salida? ¿O cómo debería leerse entonces que el nuevo director del canal de televisión del Estado, que debería predicar con el ejemplo, llame en su blog a los presidenciables de su Frente Amplio a "que se dejen de joder"?
¿Cuándo fue que todas estas cosas, que pasan a nuestra vista y paciencia, nos dejaron de parecer terribles para pasar a ser normales? ¿Cuándo fue que la chabacanería nos ganó, que la ordinariez se subió al escudo nacional y que los que hablan con faltas de ortografía se transformaron en nuestros líderes? ¿Cuándo le abrimos de par en par las puertas a la incultura y nos convencimos que los buenos modales, la corbata y el peine eran elementos a desterrar de nuestras tierras?
Si seguimos así, ¿dónde iremos a parar? ¿Dónde y cómo estaremos dentro de diez años? ¿Cómo será el país que dejaremos a nuestros nietos? Que Dios, o el pae de turno, nos ayuden.
elpepepregunton@gmail.com
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