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Sábado 31.01.2009, 11:24 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Cambio necesario

Nunca es grato a un Presidente tener que remover un Ministro al grito de la oposición o de la opinión pública, frente a la evidencia de un error que cuesta sostener el apoyo parlamentario al Secretario de Estado, imprescindible por imperio constitucional. Es cierto que en este gobierno de mayoría parlamentaria absoluta -y en general regimentada- ningún Ministro, por grave que sea la responsabilidad de su Cartera en determinado asunto va a perder su cargo si el Presidente no se lo pide o si no se adelanta a renunciar por razones de sensibilidad, lo cual en los hechos no ha sucedido. Pero en general, si el Presidente no se adelanta a los hechos, y no actúa con celeridad para no dejar correr el reclamo -que de tomar cierta envergadura puede determinar que cualquier reacción posterior se interprete como una debilidad ante un acto de presión política- el Ministro de que se trate continúa en funciones, pero mal parado ante la ciudadanía. Eso es lo que le puede suceder ahora al gobierno del Frente Amplio, con la Ministra del Interior.

No ha tenido suerte esta administración con su gestión en materia de seguridad pública. Ante todo, porque en este tema de altísima delicadeza social y política, le ha dado competencia exclusiva al Partido Socialista.

El Partido Socialista uruguayo no tiene nada que ver con sus homónimos europeos. Esos son socialismos modernos, actualizados a las exigencias de estos tiempos. Son partidos con aptitud de gobierno en serio. El uruguayo es un socialismo de otra época. Está dividido, pero no tanto ideológicamente -en general son marxistas trasnochados a quienes les resbala el ejemplo de los fracasos de los regímenes así adoctrinados impuestos por la fuerza- como por influencia de personalismos y aun estrategias.

El primer Ministro del Interior fue el Dr. Díaz. Una persona intachable, pero que fracasó abiertamente en su gestión. Un socialista a la antigua, en donde en países como el nuestro que sufren una delincuencia harto peligrosa enquistada en medio de una sociedad en donde impera la marginalidad lo que la transforma en violenta, se necesita una policía enérgica, que cuando debe reprimir no demore en hacerlo por cuanto entonces su acción arriesga ineficiencia. El ex Ministro, además de ser el autor del decreto que quiso legitimar contra las normas constitucionales las ocupaciones de empresas como si fueran modalidades del derecho de huelga, atendió siempre primero al cuidado del delincuente que a la necesidad de reducirlo.

Detrás del Dr. Díaz, llegó Daisy Tourné. No empezó mal y despertó esperanzas que las cosas habrían de mejorar. Sin embargo -vamos a no hablar de estadísticas porque estas no pueden desvirtuar la realidad- no fue así. Hoy se sabe que la población está mayoritariamente armada porque no confía en el cuidado ni en la prevención policial, y se han sucedido casos propios de episodios del lejano Oeste, en donde los propietarios de comercios y dueños de casa, cansados de que los roben, han matado gente sin que en algunos de esos homicidios esté claro que se hayan configurado los elementos de la legítima defensa. No se conoce en la historia del país una situación así, de una sociedad armada para una guerra, con el respaldo, además, de un Senador tupamaro que incita a la resistencia.

Los incidentes que ha protagonizado la Sra. Ministra en sus poco afortunadas exposiciones mediáticas no dan para más. Pero estamos en un año difícil, de previsible fuerte confrontación social y política en donde las condicionantes económicas no serán favorables para el país, lo que puede ser fuente de alta conflictividad. Un Ministro del Interior siempre tiene que transmitir a la policía a sus órdenes autoridad y respeto. En este último aspecto, la Ministra se ha debilitado ante sus subordinados y la opinión pública. Alguno de sus colegas de Gabinete, sin identificarse, han dicho a la prensa haber sentido vergüenza ajena por sus actitudes de notoriedad, y el mismo Presidente, con cautela porque se le puede desarmar el tablero político, dio a entender su disconformidad.

Además cabe preguntarse si la Ministra transmite tener la prudencia y el aplomo necesarios para garantizar la normalidad de los dos o tres procesos electorales del año que se visualizan como muy reñidos y que todo parece indicar serán el prolegómeno del adiós definitivo del gobierno que integra.

De la respuesta, surge la imperiosidad del cambio.

El País Digital

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