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Viernes 30.01.2009, 11:21 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

A la deriva

No hay cosa peor ni vanidad más tonta que la de jactarse de haber acertado, o de tener apoyo, en una crítica a medidas de gobierno que no le hacen bien al país. Pero nuestra voz de advertencia que hicimos llegar en editorial del 23 de enero ("La pequeña pérdida") sobre la disposición del Banco Central de aumentar las tasas de intereses para colocaciones en pesos -de manera de depreciar el dólar y combatir así un proceso inflacionario que llegó a pegar en el palo de los dos dígitos arriesgando consecuencias nefastas para la estabilidad económica del país- no está sola.

No fuimos los primeros en advertirlo. No descubrimos la pólvora. Antes en otros medios de prensa, prestigiosas opiniones coincidieron en lo mismo. La "pequeña pérdida de competitividad" de nuestros productos exportables, a que se refirió el Presidente, ni es pequeña, ni ha sido oportuna en tiempos de crisis recesiva universal.

Hay quienes sostienen, admitiendo como debe admitirse que la inflación hay que evitarla a todo trance, que el objetivo se hubiera logrado solo, sin necesidad de tocar el resorte sobre el cual accionó nuestra autoridad monetaria. Así, el Ingeniero Luis Romero Álvarez, director de la Consultora Profesionales en "Observa.com.uy" del 19 de enero, argumenta a nuestro entender con fundamento lógico -reconocemos que la lógica en economía juega un papel muy relativo pero igual tiene su espacio- que el temor del gobierno del incremento inflacionario no tiene justificación, lo que agrava el error de lo actuado.

Cuando el dólar, pocos meses atrás y a consecuencia de las turbulencias financieras universales comenzó a subir, se gastaron reservas para evitar esa apreciación. Lo que no se tuvo en cuenta es que como consecuencia de la crisis global, el dólar se fortaleció en todo el mundo. Las monedas se fortalecen o se debilitan en poco tiempo por la incidencia de distintos factores. En ese caso, la caída del petróleo de 150 dólares el barril a 40, jugó un papel decisivo, y a su vez las commodities bajaron un escalón del 40%. La consecuencia natural es el perjuicio al sector productivo a quien le servía un dólar a $ 25 para compensar esa caída de precios de las commodities.

Todos coincidimos en que el aumento de la inflación es un índice de la mala salud de una economía, pero hoy en día en el mundo este no es motivo de preocupación, porque con la expansión de la recesión, no hay manera, según Romero, que la inflación se dispare, ya que se controla sola. Los esfuerzos hay que concentrarlos en afrontar la crisis que inevitablemente nos está golpeando y nos va a golpear más, y para ello es fundamental atravesar el período con un dólar alto.

Es increíble oír el argumento de algunos oficialistas fanatizados, que sostienen que frente al riesgo de la inflación, pues que sufran quienes se beneficiaron con el período de bonanza. Más que increíble es indignante, porque no advierten que la riqueza del productor agropecuario o de cualquiera, genera empleo y apuntala la recaudación, factores estos que se van a resentir con la depreciación del dólar.

El ex Ministro de Ganadería, hoy presidenciable oficial del Frente Amplio, quedó absorto en su estadía en Punta del Este al comprobar cómo la riqueza atrae puestos de trabajo. Estuvo en el Hotel Conrad, a cuya construcción se opuso oportunamente el Frente -como se opuso a Botnia- entonces en la oposición, y se sorprendió cuando constató que tiene más de dos mil empleados con sueldos promedio de $ 16.000 mensuales. Es gente que ni siquiera conoce el país en donde vive y se postula para gobernar. ¿Han averiguado estos pretendidos sabihondos que en el Interior hay gente que se ofrece a trabajos rurales pero a condición de no figurar en planillas porque corren el riesgo entonces que les priven de la dádiva que les da el Mides?

La pérdida de competitividad de nuestra producción, lo será por la dificultad de colocarla a precios razonables, pero además, porque se abaratará la competencia del producto importado. ¿Este es el "Uruguay productivo" que prometieron?

Ello, sin perjuicio de la grave contradicción en que incurren en dejarse doblar el brazo por los funcionarios públicos, aumentando el gasto al conceder un aumento de un 11%, dando razón a quienes pensamos que el país paga salarios que no condicen con su realidad económica.

El barco navega sin rumbo. El gobierno no sabe en dónde está parado, y se viene la noche…

El País Digital

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