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MarÍa Julia Pou
Hace una semana asumió Barack Obama como presidente número 44 de los EE.UU. Fue sin duda una circunstancia muy particular en la historia del país del Norte pero también lo es para el resto del mundo. En estos días estivales la lectura del primer libro escrito por quien ha asumido la primera magistratura nos muestra una infancia difícil, llena de conflictos familiares, raciales, afectivos, que seguramente no hicieron otra cosa que fortalecer el carácter de ese joven -33 años tenía cuando escribió Los sueños de mi padre - cuando era niño y en los años adolescentes hasta su llegada a la Universidad de Harvard. Primera historia de éxito: su entrada en una universidad, una de las ocho instituciones de la Nueva Inglaterra con más prestigio académico y social. En este tramo de su vida muestra ya el joven Obama virtudes excepcionales que le permiten una educación de excelencia para graduarse como abogado.
Un segundo aspecto de su juventud que atrae la atención es su comprometida y permanente acción social, con muestras que hasta el día de la inauguración de su gobierno nos trajeron un ciudadano dedicado a las causas comunitarias. Este perfil de su personalidad tiene como origen el ejemplo de su madre, una mujer blanca de Kansas, que educó con su propia peripecia vital -como se debe- a sus hijos en la solidaridad y el trabajo para la comunidad, incorporándoles el concepto del voluntariado como parte esencial de sus vidas. Ese voluntariado que es quizás una de las características menos conocidas del pueblo de los EE.UU.
La historia de su padre -que lo abandonó tempranamente y se volvió a Kenia- troqueló el alma del joven Barack de modo tal que se explican muchas cosas de su vida por ese episodio familiar que le causó tanto dolor. Como no podía ser de otra manera también están presentes en el libro los conflictos raciales de alguien que como hijo de un matrimonio mixto encontró dificultades a la hora de integrarse con compañeros que lo veían como algo distinto. En el tema de la discriminación se percibe en la obra una fuerte influencia de Martin Luther King y su lucha por los derechos civiles de los negros y su preocupación por la segregación racial. En el acto que se realizó en frente al monumento a Lincoln en Washington se respiraba la carga emotiva de la trazabilidad del tema de la abolición de la esclavitud.
La lectura de este libro nos permite conocer a la persona más que al personaje. Para empezar a desentrañar al Presidente tendremos que leer La audacia de la esperanza de más reciente publicación. Repasar su discurso inaugural y estar atentos a todas y cada una de sus intervenciones.
Sus primeras acciones de gobierno han contribuido a afirmar el sentimiento de esperanza que nutrió la campaña electoral y que se percibió el día de su asunción. La orden de clausura de la prisión de Guantánamo -de a poco, de la manera que será factible-, así como el control al sistema financiero que ha mostrado sus deficiencias en la crisis son algunas de las acciones que nos han mostrado al nuevo Presidente al mando del barco en la tormenta.
Cuando la prensa informa que el 79% de los americanos está esperanzado en el gobierno que comienza no podemos desde aquí desear otra cosa que el sueño de tantos se convierta en la realidad de todos.
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