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Ekeko, un rechoncho y enano diosecillo indígena de la fortuna -(que tiene la facultad de convertir los deseos en realidad), reina desde el sábado pasado en la feria de Alasita (`cómprame`, en aymara) de La Paz, donde se adquieren miniaturas suyas. La transacción de réplicas pequeñas de monedas (dólares y euros, son los favoritos), además de minúsculas casas, vehículos, maletas y hasta reses hechas de estuco (yeso y agua), sirve para abonar la creencia de que esos objetos se plasmarán pronto en realidad. Ekeko es entonces, en esencia, un vendedor de ilusiones. La aparición en escena de este diocesillo bonachón, regordete, mofletudo y de rasgos indígenas, tocado de `lluchu` (multicolor gorra de lana) y pantalones de tocuyo, una tela burda de algodón, se esconde en la penumbra. Recientemente, la feria se extendió también a la capital argentina de Buenos Aires, mientras crece más en Lima.
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