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Martes 27.01.2009, 08:55 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


Las columnas

La NBA nació en Hollywood

MIGUEL CARBAJAL

Mientras se gana unos dólares en las Rocallosas, como guía de Yellowstone, se le acerca una señora sonriente, y sin poder contenerse, le dice: "Con unas pestañas como las suyas debería tentar trabajo en Hollywood". Resultó ser un chico obediente. Poco después, un par de ojos verdes y unas pestañas de medio metro se habían apoderado de las apetencias de las grandes estrellas de Los Angeles y un par de películas después, la estrella era él. ¿El gran sex symbol de la época jugaba sucio? Sus colegas se quejaban que se erguía en forma desmedida cada vez que se le acercaba un fotógrafo y que todos lucían enanos al lado suyo. Excepto John Wayne nadie le llegaba a la cintura. James Stewart, Henry Fonda sobre todo, y Clint Eastwood se volvieron ilustres por bambolearse al caminar. Hay que tener zancos para poder hacerlo. A los 78 años Clint Eastwood puede darse el lujo de operar como galán creíble. Nada de eso le pasó a sus compañeros de ruta que pudieron ser ases del basquetbol. A Fonda le perjudicó una calva temprana y el concepto establecido, que excepto Yul Brynner, el que no tenía cabellera abundante debía arruinarse con una peluca. Stewart ambientó las escenas más tórridas filmadas por Hitchcock, en La ventana indiscreta, pero el voltaje lo arrimó casi exclusivamente Grace Kelly. De ahí en adelante fue un maduro elegante, como Gregory Peck, pero las mujeres lo sabían por fuera del ranking.

Cerca de ser un octogenario, a Eastwood se le permite cualquier despliegue. En este tramo lo solventa una anatomía de excepción. En los otros un talento ecléctico que lo hace lucir en la música y en la dirección de actores.

Nadie hubiera dado por él un dólar cuando partió a Italia contratado para iniciar una serie de spaghetti western después de una carrera convencional. Resultaba difícil augurarle éxito en una empresa artificial y con humor grueso. Pero se produjeron esos pequeños milagros del cine. Buenos actores, paisajes falsos pero estéticos, historias sádicas y un par de acordes musicales de Ennio Morricone revitalizaron el género y convirtieron a Eastwood en un astro. Lo espera un regreso dudoso a USA, pero es un tipo sagaz: escapa de la sátira y se adueña de los policiales como Harry Callahan. El resto se edifica sobre un instinto inusual para elegir temas originales y resolverlos como un maestro. Y cuando se cansa de ser creativo muestra su fotogénico perfil, cruza sus piernas y derrite corazones.

Walter Pidgeon tiene poco más de 50 cuando viene al Festival de Punta del Este en el papel de abuelo sosegado. Sexualmente ni lo miraron. Bogart, feo, enteco pero dueño de un glamour que ni siquiera Valentino hubiera podido asumir, posee aspecto de anciano cuando muere antes de cumplir los 60. Gable, el único capaz de competir con Cooper en los años dorados, ya ha echado caderas en la película que Arthur Miller pretendió homenajear a Marilyn y terminó en un entierro colectivo. ¿Qué es lo que hace distinto a Clint Eastwood? Una virilidad intocada por los años.

El País Digital

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