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Gonzalo PÉrez del Castillo
Es natural desear buena suerte en esta época del año. El futuro inquilino del Salón Oval de la Casa Blanca la necesita de veras. En tema de "herencias malditas" ninguna peor que la que le tocó en suerte a este joven Presidente americano.
Su antecesor heredó un país rico, respetado (o temido), en paz con el mundo y con un dominio casi hegemónico en el ámbito militar y tecnológico. Le deja a él un país empantanado en dos conflictos bélicos que no se pueden ganar, una fracasada política global antiterrorista, una economía en quiebra, pésima calificación en respeto a los derechos humanos y al medio ambiente y baja credibilidad internacional como paladín de los valores de la democracia.La población norteamericana tiene la moral por el piso y vive aterrada de ser nuevamente escogida como objetivo por algún escalofriante y totalmente desconocido enemigo.
En 2008 los EE.UU. dejaron de ser la potencia hegemónica que en todo se inmiscuía y todo resolvía, a su manera. Esta crisis financiera, luego económica y ahora política obligará al coloso del Norte a tener en cuenta otros países como si fueran sus pares. Las naciones emergentes de Asia , creciendo por años a tasas del 10% anual, ahorraron un estimado de 10 trillones de dólares e invirtieron buena parte en los Estados Unidos. Ese dinero confiere a su dueño un poder que no es menor en la coyuntura actual.
China y los países asiáticos son reconocidos como temibles negociadores mismo desde una posición de debilidad. ¿Cómo serán desde una posición de fuerza?.
El lejano Oriente no es el único que cuestiona la supremacía de los Estados Unidos en la escena internacional. Rusia dejó claro, con su intervención en Osetia del Sur y Abjazia en agosto del 2008, que el proyecto de expansión de la OTAN en Europa del Este había llegado a su límite. El nacionalismo ruso ha retornado con vigor detrás de un gobierno vertical y autoritario. Habrá que tenerlo en cuenta.
La Unión Europea dependiente de la energía Rusa y conocedora de su propia historia no está dispuesta al conflicto con su vecino oriental. No será más, como ha sido, un aliado casi incondicional.
El mundo islámico, por otro lado, tiene con EE.UU. algunas cuentas pendientes. Pakistán, Irán, Irak, Afganistán, Siria y Líbano serán países claves y de difícil manejo. Otros aliados tradicionales como Jordania, Arabia Saudita y Egipto pueden diversificar sus lealtades en un mundo multipolar e intentar conjugar otras salidas al conflicto israelí-palestino. La apuesta de Bush a India en temas de energía atómica debilitó el Tratado de No Proliferación Nuclear y, potencialmente, la seguridad planetaria.
Es cierto que América Latina y África no presentan problemas mayores para Obama, pero en un mundo multipolar las zonas de influencia importan mucho y por razones geográficas en un caso y personales en el otro Obama no puede abandonar el juego en estas mesas. De todos modos queda la sensación que en todas ellas el nuevo Presidente deberá barajar y dar de vuelta. Y ojalá lo haga. Feliz Año Barack!
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