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Rodolfo Sienra Roosen
Bush comenzó mal ya en las elecciones del año 2000. Nunca pudo despejarse la incógnita de si en Florida no se había cometido un fraude, o si, por lo menos no hubo error en el recuento primario de votos. Siempre dio la sensación de no ser el mejor ejemplo de equilibrio temperamental para ejercer el cargo, además de haber sido protagonista de múltiples actitudes ridículas.
En su descargo, tuvo que afrontar el atentado a las Torres, primera y única hasta ahora agresión territorial a los EE.UU. Ello llevó al Presidente a cometer varios errores, entre los cuales y por cierto que no el menor, el debilitamiento de algunas garantías individuales. Pero el error monstruoso, imperdonable fue la decisión del ataque contra Irak bajo el supuesto nunca probado -y al contrario, posteriormente demostrado como falso- de que el gobierno de Saddam Hussein tenía en su arsenal "armas de destrucción masiva".
Allí quedó sepultada la imagen de Bush y sus aliados. El costo en vidas y en recursos que desangró al país por esa barbaridad, fue inconmensurable, y de postre, al final de su mandato se desencadenó una crisis económica pavorosa, con graves repercusiones universales.
No podemos negar que en lo que refiere a nuestro país en concreto, posibilitó el recordado "préstamo puente" que salvó a Uruguay del "default"a que nos quería llevar el FMI, y fue la rampa de lanzamiento de la recuperación económica que no se hubiera podido concretar de no tener ese salvavidas. Distinguió y fue especialmente distinguido por el Presidente Tabaré Vázquez, y nos ofreció un Tratado de libre comercio por la vía "fast track" que sólo los negados pudieron rechazarlo.
Lo cierto es que el mundo respiró aliviado cuando fue sustituido por Barack Obama. Es que el cambio que se ha producido en el gobierno de los Estados Unidos va mucho más allá de la alternancia de los partidos en el poder, o que Obama sea el primer hombre de raza afro que accede a la Casa Blanca. Es un cambio radical, de alguien que se ganó el rechazo del mundo por otro que genera una esperanza que parecía perdida.
En la definición básica del discurso del nuevo Presidente, estuvo la acusación de falsedad de la premisa según la cual hay que escoger entre la seguridad del país y el respeto a sus ideales de siempre. En esas pocas palabras, que Bush recibió como un pollito mojado, se resume la enorme trascendencia de lo que ha ocurrido en los primeros ocho años del Siglo XXI, en proceso de gestación.
Para nuestra América Latina, se anuncia por parte de la nueva Secretaria de Estado, Hillary Clinton, el apoyo al desarrollo económico, lo cual supone quizá mirar ante todo a Brasil. Luego, la desconfianza natural en el venezolano Chávez y su troupe, y el descarte de los acuerdos de libre comercio. Ese tren que nos pasó por delante, difícilmente volverá a estar al alcance de nuestra mano. Dios le da pan al que no tiene dientes.
Lo cierto es que quien ocupando un cargo de responsabilidad se aleja de él diciendo hasta el cansancio que lo juzgará la historia, tiene conciencia que se va por la puerta de atrás de la historia misma.
Obama tiene muchos desafíos por delante. Las expresiones de la gente, atenta a su discurso de asunción, valen más que cualquier palabra de aliento y esperanza.
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