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Sábado 24.01.2009, 08:38 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Dilema para Obama

Ríos de tinta corrieron sobre las causas de la crisis de la economía estadounidense y su proyección al mundo. En estos días la expectativa está centrada en las medidas que tomará el nuevo gobierno demócrata de los Estados Unidos, las que se anuncian como inminentes. La exigencia del momento es doble: actuar bien, y ya.

Es interesante el comentario de una opinión de prestigio, como es de Guy Sorman en un análisis de la crisis enfocado desde la teoría económica que bajo el título de "no somos todos keynesianos" publicó "La Nación" en su edición del 8 de enero.

Sorman advierte que la mayor amenaza para la recuperación económica es la falta de memoria, y que existe el riesgo que el nuevo gobierno sea influido por una turba de ideólogos estatistas y keynesianos resurgentes. Observa que el estatismo y el keynesianismo perdieron predicamento en el mundo simplemente porque fracasaron. La premisa de Keynes proponía revivir la economía por medio de una creación artificial de una demanda de consumo a través de la regulación de precios y de estímulos por parte de la administración. La aplicó el gobierno de Carter, pero en realidad la inició Nixon con su famosa declaración: "ahora somos todos keynesianos".

Ya los economistas de mercado, desde conservadores como Milton Friedman hasta liberales como Edmund Phelps habían advertido con claridad que el crecimiento provenía de la oferta. El empresario emprendedor con sus innovaciones crea nuevos mercados. Pero no puede estimular la demanda con subsidios públicos a productos y servicios que no existen, que primero deben inventarse. Los gobiernos no crean riqueza, esa es tarea de la iniciativa privada. Sólo podrá un gobierno distribuir la riqueza existente, tomando de un contribuyente para dárselo a otro, pero nunca castigando la capacitación y el mérito del esfuerzo en aras de un incontrolado asistencialismo, de lo cual nuestro Uruguay sufre una triste experiencia con una reforma tributaria elaborada con el designio de la mediocratización social, de la igualación hacia abajo. Los gobiernos de Thatcher en el Reino Unido, de Reagan en Estados Unidos, y la desaparición de la URSS, trajeron la expansión económica por medio de la privatización, la desregulación y el libre comercio, y este cambio no tuvo signo ideológico alguno.

El keynesianismo fue popular en los líderes políticos porque transitoriamente da buen nombre a los gobiernos. Sólo se puede justificar la intervención del Estado por razones morales, o para reestructuras sociales, pero se agota en sus objetivos, y nunca será fuente de crecimiento.

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía sostiene que EE.UU. debería reemplazar una economía basada en la codicia del mercado por otra basada en la moralidad con participación del gobierno, pero Hume ya había demostrado que la sociedad moral se basa en la libertad individual. Es malo concederle al gobierno autoridad para imponer moral, niega las premisas básicas de las sociedades libres.

Según Sorman el verdadero deber del gobierno es salvar al capitalismo, la mejor herramienta económica. Keynes mismo no era un anticapitalista, pretendía salvar al capitalismo de los capitalistas pero por una vía equivocada, convirtiendo a los gobiernos en actores permanentes del proceso económico. Pero volver a lo anterior, que fracasó, es tan peligroso como no hacer nada. Cuidado con un Obama que ceda a los consejos de los keynesianos. La recuperación requiere preservar los motores del crecimiento, el espíritu emprendedor, la solidez de las instituciones públicas, la libre circulación de la información y el libre comercio, y en todo caso que la cultura del rescate se limite a aquellos que pueden perder su vivienda o su empleo, y no a industrias enteras, como la de los autos.

En su discurso inicial, Obama dijo poco en concreto, pero sus anuncios fueron sustanciosos. Hay juramentos presidenciales que a veces se toman entre nubarrones y tormentas y éste fue su caso. Fue lógicamente sincero. Nadie debe esperar todo, ni siquiera mucho de la noche a la mañana, pero el proceso de reconstrucción se iniciará de inmediato hacia el objetivo más complejo, que es el de la recuperación de la confianza en el país, el volver a creer, el recomponerse espiritualmente de un Estados Unidos.

Menudo desafío, para un gobierno que ha generado esperanzas como pocos. Suerte. La necesitará.

El País Digital

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