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Pablo Da Silveira
Llegó el año electoral y, si bien muchas cosas están por verse, también hay algunas certezas. Una de ellas es que el tema educativo ocupará un lugar relevante en la agenda de discusión. No es que vaya a ser el único ni tampoco el decisivo (la economía y la seguridad interna serán el foco de atención) pero se trata de uno de los temas que obligarán a los candidatos a afinar sus ideas.
Siendo así las cosas, es bueno tener una lista de los tópicos a los que deberíamos atender especialmente. Una vez que los identifiquemos, eso puede ayudarnos a evaluar las diferentes propuestas. Si un candidato no tiene nada que decir sobre un tema relevante, sería razonable que le quitáramos puntos. Si sólo ofrece generalidades e ideas desactualizadas, también deberíamos castigarlo. Si, en cambio, sus propuestas revelan que prestó atención al asunto y se esforzó por soluciones, tendríamos una razón para ponerle una buena nota en este rubro.
¿Cuáles son esos temas centrales? En primer lugar y por encima de todo, qué hacer con la Ley de Ecuación aprobada recientemente. Que esa ley se consolide o quede sin efecto determinará buena parte de lo que ocurra con la enseñanza en los próximos años. Si la propuesta del candidato es mantener y aplicar esa norma, podemos esperar un largo período de bloqueo corporativo y ausencia de rendición de cuentas a la sociedad. Si la propuesta del candidato es derogarla o modificarla en profundidad, tal vez podamos escapar a ese destino.
Un segundo tema es la calidad del gasto educativo. El actual gobierno ha aumentado significativamente ese gasto, pero no ha tomado ninguna medida que permita usarlo mejor. Seguimos presupuestando por rubros y no por objetivos, y no hay ninguna exigencia de logros intermedios que condicione la ejecución presupuestal. Este esquema es una receta infalible para el despilfarro. ¿Tienen los diferentes candidatos alguna alternativa que ofrecer?
Un tercer gran tema es la calidad. Todos los indicadores confirman que estamos sufriendo un verdadero colapso en este terreno. Los alumnos están aprendiendo poco y de manera despareja (somos el país latinoamericano donde se verifica una mayor distancia entre los que aprenden más y los que aprenden menos). Parte de este deterioro se debe a que no tenemos una cultura de evaluación de resultados suficientemente fuerte. Otra parte se debe a que este gobierno aplicó una concepción ingenua de la inclusión, que finalmente se redujo a flexibilizar los niveles de exigencia. ¿Tienen los candidatos algo que proponer al respecto?
Un cuarto tema es la deserción en la enseñanza media. Somos, junto con México, uno de los dos países latinoamericanos que pierden más estudiantes a lo largo del segundo ciclo de enseñanza. Eso genera problemas graves, tanto para quienes quedan afuera como para el país en su conjunto. La inclusión efectivamente importa, pero el punto es que no debe lograrse de cualquier manera. ¿Tiene propuestas el candidato para mejorar los niveles de retención sin pagar el precio de flexibilizar tanto las cosas que todo se vuelva una ficción? El actual gobierno no las tiene. Ojalá las tenga el próximo.
Y ojalá que los diferentes candidatos tengan cosas interesantes que decir, al menos en estos temas cruciales para el futuro de la enseñanza.
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