Montevideo: mayormente nublado  l  Temp:34ºC  l  Ampliar pronóstico
Inicio   l    Ultimo Momento   l   Edición Matutina   l   Ediciones anteriores   l   Mi registro   l   Contacto
Sábado 24.01.2009, 08:38 hs l Montevideo, Uruguay
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 4 votos
 | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
 

Editorial


Crónicas de luz y sombra

El Señor del paraíso de Mahoma

Luciano Álvarez

El 25 de abril de 1544, la "noche de San Marcos", los españoles de Asunción, "todo el común, nobles y plebeyos", luego de hacer "junta y asamblea", decidieron destituir y encarcelar al adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca. (…) Después de esto no hubo más que elegir a otro que rigiese y gobernase en la tierra; (…) y en seguida tuvimos a bien, de acuerdo con el parecer y voluntad del común," elegir a Domingo Martínez de Irala". Tal el relato de Ulrich Schmidel, protagonista de aquellos sucesos.

Irala era el hijo de un vecino principal de Vergara, Guipúzcoa, que ejercía el cargo de Escribano Real. En 1529, "porque la memoria de su casa quedase entera sin disminución alguna", Domingo, único varón e hijo menor de los Irala, fue agraciado con el mayorazgo, que comprendía una parte de las tierras de sus padres.

Sin embargo el eco de los tesoros de América pudo más que un honrado oficio de notario.

En 1534 vendió todos sus bienes y en 1536 se embarcó para el Río de la Plata con Pedro de Mendoza.

Desde aquel entonces habían pasado diez años. Ahora tenía 35 y sabía tanto de estas tierra como de sus hombres y mujeres, indígenas y europeos. Había sufrido los terribles días de la primera fundación de Buenos Aires, explorado, con Juan de Ayolas, los ríos Paraná y Paraguay y en 1537, elegido gobernador provisorio hasta la llegada de Cabeza de Vaca.

Conspiró contra el adelantado hasta que en 1544 consiguió enviarlo prisionero a España, hacerse nuevamente del poder y sobrevivir en medio de la violencia entre facciones:

"Nosotros mismos los cristianos entramos en tal discordia que ya no podíamos avenirnos, uno con otro nos peleábamos día y noche, (…) y nadie se creía seguro con los demás" cuenta Schmidel.

Los combates y alianzas con las tribus completaban el ambiente de guerra.

Luego de dos años, Irala logró imponer una paz provisoria y retomó el camino hacia los infinitos tesoros de las Sierras del Rey Blanco.

Para esas fechas, se habían intentado muchas "entradas en la tierra", remontando el río Paraguay hasta las estribaciones del altiplano.

Ayolas fue el primero; Irala lo hizo en 1540; le siguieron Álvar Nuñez en 1543 y Nufrio de Chaves, lugarteniente de Irala, en 1545 y 1546.

En noviembre de 1547 partió de Asunción la expedición encabezada por Irala con siete bergantines y 200 canoas. "La gente que no podía caber ni en los navíos ni en las canoas caminaron de a pie por tierra con los 130 caballos".

Bien orientados, por fin y después de las vicisitudes habituales en aquellas empresas, llegaron a unas tierras amables donde fueron recibidos por los indios del lugar. Así lo cuenta Schmidel

"… Nos salieron al encuentro y nos recibieron muy bien, y en seguida nos empezaron a hablar en español; nos quedamos fríos donde estábamos y acto continuo les preguntamos a quien estaban sometidos, o a quien tenían por señor; contestaron ellos (…) que eran súbditos de un caballero en España, llamado Pedro Anzures".

Aquellas palabras en español, terminaban con un sueño de once años, una quimera por la que habían arriesgado todo lo imaginable, por la que habían cometido crímenes y pasado hambres.

Habían encontrado las Sierras del Rey Blanco, pero ya tenían dueño: los españoles del Perú. Habían prometido "enviar navíos con oro aunque tuvieran que hacer clavos con las guarniciones de sus espadas" y volvían a Asunción sin nada.

Irala volvió a sofocar rebeliones y a poblar la tierra. El 4 de noviembre de 1552 la Corona dio por buena su autoridad y ratificó su nombramiento como gobernador, ordenado, al mismo tiempo "no hacer más entradas ni rancherías".

Pero las leyendas aún tenían vida: El Dorado, la Ciudad de los Césares, Paitití. Irala y los suyos hicieron otras expediciones, como "la mala entrada" (1553); a veces sólo para descubrir, "para desencantar la tierra", como escribió Nufrio de Chaves en aquel lenguaje que se usaría varios siglos más tarde y le llamarían "realismo mágico".

Pero inexorablemente y sin quererlo, Irala y su gente construían su mundo en aquellas tierras de paso.

Hubo nuevas insurrecciones, ahorcados y decapitados, pero también se tejieron alianzas de largo aliento. Españoles y guaraníes, dedicados con entusiasmo al mestizaje y la poligamia, crearon una red de matrimonios y parentescos que hacían cierto aquello del "Paraíso de Mahoma", descrito por el indignado Álvar Núñez.

Domingo de Irala -que oficialmente nunca se casó- había sido de los primeros en trabar lazos venéreos con las mujeres de la tierra.

En septiembre de 1556, el gobernador "salió a ver lo que hacía la gente que trabajaba en la madera y tablazón en un pueblo de indios para acabar una hermosa iglesia y sagrario, que se hacia para Catedral, y estando en esta diligencia adoleció de una calentura lenta, (…) que le forzó venir a la ciudad en una hamaca, porque no podía de otro modo; y habiendo llegado, se le agravó el achaque, tanto que luego trató de disponer las cosas de su conciencia, lo mejor que pudo y era menester, y recibidos los Santos Sacramentos con grandes muestras de su cristiandad, murió a los siete días que llegó a la ciudad".

Así cuenta su muerte, sucedida el 3 de octubre, su nieto, el mestizo Ruy Díaz de Guzmán.

Las entrelíneas de su testamento dan fina cuenta de aquella cultura:

"Sepan cuanto esta carta de testamento vieren, como yo, Domingo Martínez de Irala, Gobernador en esta provincia del Río de la Plata, por su Majestad, estando sano y con salud y en mi buen seso, juicio, memoria y entendimiento, tal cual Dios Nuestro Señor quiso y tuvo por bien de me dar, temiéndome de la muerte, que es cosa natural, y deseando poner mi ánima en carrera de salvación (…) otorgo y conozco que hago y ordeno este mi testamento, última y postrimera voluntad…"

Luego de confesar su fe en Jesucristo y la Iglesia Católica declara y confiesa que "Dios me ha dado en esta provincia ciertas hijas e hijos…" y enumera los nueve, habidos todos, con indias guaraníes: Diego, Antonio y Doña Ginebra "mis hijos y de María; doña Marina, hija de Juana; y doña Isabel, hija de Águeda y doña Úrsula, hija de Leonor, y Martín Pérez, hijo de Escolástica, y Ana, hija de Marina, y María, hija de Beatriz". También repasa la lista de yernos y nueras, puesto "y por ser como yo los tengo y declaro por mis hijos e hijas, y por tales he casado a la ley y a bendición, según lo manda la Santa Madre Iglesia..."

Con el único beneficio de la literatura, que no es poco, Jorge Luis Borges le cantó a "una secta del cuchillo y del coraje", constituida por efímeros malandrines y matones de las orillas urbanas del Plata.

Creo que no hubo otra "secta del cuchillo y del coraje" como la de aquellos que poblaron estas tierras en siglo XVI: ambiciosos e inescrupulosos, alucinados y crédulos; tan traidores como valientes, tan mujeriegos como devotos.

Ellos y sus mujeres alumbraron a "los mancebos de la tierra" y construyeron esta patria, sin imperios, ni oro, ni plata, que al fin y al cabo también es la nuestra.

El País Digital

 ¿Encontraste algún error?« volver  
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 4 votos
 | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |

No salgas a la calle
sin saber de qué se habla...

ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 900 2338
Zelmar Michelini 1287, piso 5, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2012