|
||||||||
Si una cosa ha dejado clara la reacción del gobierno ante la feroz crisis y sequía que azota al campo, es su total divorcio con lo que es la realidad de la actividad económica más importante del país. Para enmarcar la durísima situación que vive la agropecuaria nacional, es bueno recordar que ésta no comenzó con la seca. Que desde que arrancó la crisis de los mercados mundiales, lo primero que se vio paralizada fue la exportación de carnes y granos. Lo cual, sumado a algunos manejos de actores del propio sistema que aprovecharon para sacar su ventaja, mandó los precios literalmente al suelo. Éste era el ya difícil panorama que vivía el sector, cuando recrudeció la situación de sequía crónica, que gran parte del país venía sobrellevando desde hacía meses.
De ahí la indignación del mundo rural, ante las declaraciones del ministro Agazzi, que tras un cómodo paseo en helicóptero, relativizó la gravedad del problema, diciendo que éste sólo afectaba a un 14% del país. Y para agregar patada al insulto, sugirió que como varios de los departamentos más afectados tenían fuertes ingresos por turismo, no estaba seguro de si les convenía o no que lloviera.
Son declaraciones como para hacer pensar. Sobre todo teniendo en cuenta que el ministro no posa como un citadino aterrizado en el cargo, sino como un profundo conocedor del campo.
Entonces, ¿cómo fue que el gobierno cometió lo que el propio semanario Brecha calificó de "espectacular gaffe", en el manejo de esta situación de emergencia? Probablemente tenga mucho que ver con la concepción ideológica de buena parte de sus miembros. Una concepción que, pese a alguna señal tibia de aggiornamento en lo que hace a la comprensión de ese sector vital de la economía, sigue presa de preconceptos que podríamos calificar como históricos.
La nota de Brecha mencionada ilustra bastante sobre lo que estamos hablando. Luego de criticar el manejo oficial de la crisis, deja flotando la idea de que el campo es un sector que no contribuye demasiado con el Estado en materia de impuestos, que tiene prebendas que otros sectores no disfrutan, y que goza de una influencia política muy superior a lo que debería. Poco faltó para llamarlos llorones. Lo que ese artículo explicita es algo muy extendido entre la izquierda uruguaya. Una izquierda que, presa de un enfoque marxista transplantado de realidades muy diferentes a las nuestras sin un mínimo análisis crítico, siempre vio al sector rural uruguayo como un grupo de oligarcas poco solidarios con el resto de la sociedad.
De ahí los continuos disparates que han sido habituales en jerarcas del ramo, que mientras el sector rural protagonizaba una de las revoluciones productivas y tecnológicas más grandes de su historia, hablaban de revivir los arados de bueyes, de apoyar al campesino familiar (especie que hablando con puridad, nunca existió en nuestro país), o de limitar la extensión de tierra que pueda tener un productor.
Que se enamoraran del proyecto azucarero (ven en el "cañero" lo más parecido que había en Uruguay al explotado campesino de sus libros de texto ideológicos) gastando en ello millones de los contribuyentes en una actividad de rentabilidad más que dudosa.
Esto mientras hacían lo imposible por frenar el avance de la soja, de la forestación, de los transgénicos, y hasta de la ganadería más intensiva. Todo con un tufillo casi "kirch-nerista", que de no ser por el caos ejemplarizante que aquel desató en su país, vaya uno a saber qué hubiera pasa acá. Parece mentira que después de que la gran modernización del "agronegocio" nacional fue la impulsora del resurgimiento económico del país tras la crisis del 2002, reviviendo el interior más postergado, y con efectos sociales genuinos e innegables, haya gente que sigue soñando con un país de "cooperativas de pequeños productores". Algo que puede sonar muy romántico, pero que en el mundo de hoy es económicamente inviable.
Ni que hablar del tema de la competitividad, que cuando la inflación amenaza arrasar las metas oficiales, no hay problema en "planchar" el dólar a la vez que se aprueban aumentos extras a los "compañeros" funcionarios públicos.
Lo importante sería que de todo esto se sacaran lecciones. Y que muchos dirigentes rurales, que en su momento cayeron seducidos por los arrumacos de políticos con tanta pose de gaucho como ignorancia de lo que es el sector agropecuario, tomen buena nota de la diferencia entre lo que fueron las promesas y lo que terminaron siendo las realidades.
| « volver |
El ex presidente George Bush desoyó el pedido de centenares de uruguayos, entre ellos todos los presidentes desde el retorno de ...
No hay quién frene la baja del tipo de cambio en el mercado interbancario local. Ayer, pese a que el Banco Central (BCU) apareció ...
El "Corralito V", el velero del que se había perdido rastro en la tormenta, está en el puerto de Punta del Este sano y salvo. En ...
Un hombre de 73 años fue salvajemente golpeado durante un copamiento. Le robaron mil pesos. Mientras lo golpeaban los maleantes ...
Las hijas gemelas del ex presidente estadounidense, George W. Bush, aconsejaron a las pequeñas del nuevo huésped de la Casa ...