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Martes 20.01.2009, 14:59 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

Una imagen renovada para la Casa Blanca

Nueva era en EE.UU. Un espíritu de optimismo, dentro y fuera de fronteras, rodea la investidura presidencial de Barack Obama Expertos exigen un cambio radical respecto a los años de Bush

THE ECONOMIST

Poco después del mediodía de hoy, Barack Obama se sentará por primera vez en el escritorio donde se toman las decisiones. La Presidencia de Estados Unidos siempre ha sido el trabajo más difícil y con mayores consecuencias del mundo.

Y esa sensación se ha potenciado en estos últimos días, meses y años. Una recesión global, de una severidad como quizás no había ocurrido en 80 años, una guerra en "stand-by" en Medio Oriente además de las viejas en África, misiones muy lejos de ser cumplidas en Irak y Afganistán, y una espinosa Rusia y una China en ascenso.

Esos desafíos internacionales deben forcejear para lograr la atención del presidente, junto con ruidosas preocupaciones internas como el desempleo que despegó, la desesperada necesidad de tener un mejor sistema de atención a la salud, déficits explosivos y ciudades con fallas. Esas cargas, seguramente, son demasiadas para que las sobrelleve un hombre.

Sin embargo, ni Estados Unidos ni el mundo parecen verlo de esa manera. Una multitud de al menos dos millones se abre camino hacia Washington D.C. para ser testigos de la asunción de Obama. Miles de millones más la verán por televisión. Todos lo harán con un espíritu que fue perdido durante un tiempo: de optimismo. Eso es así no solo porque termina una presidencia golpeada por los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. La asunción que tiene lugar hoy dará testimonio del asombroso poder de renovación propia que tiene Estados Unidos. Debido a que es joven, atractivo e inteligente, y también porque es hijo de una mujer de Kansas y de un keniano, Obama reconcilia en su propia persona una de las divisiones más odiosas del mundo y lleva consigo la esperanza de todo un planeta.

Demasiado, por cierto. Pero, ¿qué puede esperar el mundo, con realismo, de la presidencia de Obama? Muchos argumentarían, después del desastre que rodeó la aventura de George W. Bush en Irak, que para reconstruir las relaciones exteriores, Estados Unidos debe convertirse en un gigante más modesto, más obviamente constreñido por el Derecho Internacional y más comprometido con trabajar con equidad por la paz en Medio Oriente y en otros lugares. De alguna manera, eso es correcto. Es bienvenida una actitud con menos arrogancia maniquea que la de Bush.

Eso no significa que Estados Unidos deba hacerse más aislacionista. La mayoría de los problemas del mundo clama por su liderazgo y si EE.UU. se retira para restañar sus heridas internas, no servirá bien al mundo. Nadie puede imaginar con seriedad que la paz pueda llegar a Medio Oriente sin Estados Unidos. Ni Rusia, ni China ni la Unión Europea tienen apetito para liderar los esfuerzos que permitan enfrentar la proliferación nuclear de Irán o Corea del Norte. A veces, como ocurrió con Kosovo en la década de los `90, EE.UU. necesita actuar hasta cuando Naciones Unidas vacila. Por sobre todo, Estados Unidos debe liderar los esfuerzos de abordar la recesión global, a través de su posición dominante en el FMI, su papel vital para resistir los cantos de sirena del proteccionismo y los amplios gastos públicos que está planificando. Pero, un presidente que comprende, como Bush no hizo, que EE.UU. no es la hiperpotencia sin discusión de los años `90 -una que valora el "poder suave" más que la versión dura- significará un cambio para mejorar. Estados Unidos liderados por un hombre así, escuchará con más atención y trabajará más estrechamente con los aliados y los rivales, buscará con más ahínco respetar las leyes que ha firmado y puede asumir nuevos compromisos, como es el caso de abordar el cambio climático.

RECLAMOS. Un renovado respeto de Estados Unidos por la Constitución y la ley será bienvenido tanto en casa como en el exterior. Bush hijo desdeñó las normas de la gobernabilidad establecidas por sus antecesores. Intervino las comunicaciones de los ciudadanos sin tener la autoridad correspondiente, permitió de manera secreta la aplicación de la tortura y removió a fiscales por motivos políticos. Obama parece decidido a no seguir ese ejemplo. Designó a un liberal de fuera de la CIA para dirigir a esa agencia y a un destacado académico para encabezar su sala de abogados. Uno de sus fundadores, dijo que Estados Unidos debe ser "un gobierno de leyes y no de hombres". Bajo Bush y Dick Cheney, con frecuencia pareció lo opuesto.

Pero, la economía interna consumirá la mayor parte del tiempo de Obama. En este caso, la renovación estadounidense debe tener dos formas opuestas. De alguna manera, los tiempos claman para que haya un gobierno más activo, regulaciones más fuertes sobre los bancos y otras instituciones financieras, mayor gasto público de corto plazo para contrarrestar la contracción del resto de la economía y para que se establezca un sistema básico de atención de la salud para todos. Pero, Obama también necesita un plan para reducir otros aspectos del Estado a largo plazo. Sin la reforma de costosos programas, el gobierno federal enfrenta la quiebra. Recortar esos programas, a la vez que comprar miles de millones de dólares de créditos de dudoso cobro de Wall Street es una política difícil de aplicar, para decirlo de alguna manera. Pero, al menos, Obama ha reconocido que deberá hacerlo. Un sistema de salud más justo complementado por un camino hacia la reforma presupuestal deberían, por su cuenta, hacer que la presidencia de Obama sea notable. Por lo menos, tiene los votos necesarios en el Congreso para que eso ocurra.

AUSPICIOSO. Bush tuvo una tendencia simplista de ver el mundo a través de lentes ideológicos y partidarios. Mantuvo a malos asesores más tiempo de lo debido; dividió al mundo, con demasiada frecuencia, entre el bien y el mal; y tramó una hegemonía del Partido Republicano, pese a que se presentó ante el electorado como bipartidista. En temas económicos, estuvo demasiado inclinado a sacrificar el bien a largo plazo para las ganancias de corto plazo. Pareció curiosamente sin curiosidad sobre detalles, como en el caso de la conducción de la guerra en Irak.

Obama parece ser diferente. Al ofrecer el más preciado cargo ministerial a su rival, Hillary Clinton, y al confirmar a Robert Gates como Ministro de Defensa, quien ha realizado una buena gestión, Obama ha mostrado la decisión de no rodearse de compinches. Reunió un equipo que ha impresionado a casi todo el mundo por su calibre y su centrismo. Ya se ha mostrado firme, deshaciéndose de los que cometieron desatinos y estando preparado para reconocer errores. De manera reiterada ha advertido a los estadounidenses que tendrá que hacer cosas desagradables.

Los próximos cuatro u ocho años, pueden ser una desilusión, una renovación triunfal o algo entre medio. Obama carece de experiencia y en la actualidad el mundo parece especialmente amenazante. Pero, es un hombre respetuoso y reflexivo; y eso es un buen comienzo.

Travesía a través del país

Ryan Bowen, un fotógrafo de profesión de 22 años, estará hoy en la ceremonia de investidura de Barack Obama en Washington. Pero llegó a la capital estadounidense en bicicleta, proviniendo de su casa en Los Angeles, que está en la otra costa del inmenso país. Bowen es considerado un ejemplo más de la esperanza que genera Obama. "Me sentí inspirado por el mensaje de cambio de Obama en la campaña presidencial", dijo. Tanto es así, que recorrió unos 5.000 kilómetros en seis semanas, soportó más de 40 pinchaduras y varias noches en tiendas de campaña. AFP

El País Digital

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