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Rodolfo Sienra Roosen
La interrogante tiene dos respuestas posibles. Si se refiere a la candidatura presidencial del Frente Amplio, bueno, sí, podría ser. Primero porque no tiene nada del otro mundo para ofrecer y segundo porque el 72% de apoyo que rescató en el Congreso elector a mediados de diciembre, algo está diciendo.
A Mujica se le puede ver candidato. Ahora, verlo Presidente de la República es otro cantar. No pretendo faltarle el respeto explicando porqué, cuando en realidad más falta de respeto le tiene él a la gente cuando habla con su estilo versallesco, pero el hecho que ya esté en línea de sucesión presidencial, detrás del Vicepresidente está indicando a nuestro modo de ver, que la escala de valores de nuestra gente se ha puesto patas para arriba. Nos atreveríamos a decir en primer lugar que el primero que no quiere, que Mujica sea Presidente, es el propio Mujica.
Esa afirmación elocuente en cuanto a que no sería candidato "ni por el forro" tuvo el valor de las respuestas espontáneas, que es el de la sinceridad. A él mismo debe costarle verse en una foto o en una caricatura con campera, vaqueros, y la banda presidencial. Pero además de esos problemas de imagen, es consciente de sus limitaciones. De ahí se explica esa reforma constitucional sui géneris, a su medida, que dice querer implantar dándole aire al o la Vicepresidente para delegarle todo lo que tenga que ver con el protocolo y la toma de decisiones fundamentales o -variante que también sugirió como posible- la de crear de facto un Primer Ministro invistiendo como tal a Danilo Astori.
La trayectoria de Mujica es muy pobre. Se estrenó en la justicia penal con un procesamiento por tentativa de rapiña como cualquier delincuente común, cuando iba en bicicleta junto con otro de su misma condición dicen que a robar a Sudamtex. No se sabe si la bicicleta era suya y pudo inspirarse en la obra magistral de Vittorio de Sicca, pero sería demasiada sublimación. Más probable es que lo confundieran con un simple oportunista de gallinero.
Investigaciones históricas documentadas en libros de reciente aparición como el de Haberkorn, por ejemplo, demuestran que dentro de la "orga" desempeñó siempre un papel secundario, nunca en los puestos de conducción. Como legislador no aportó nada, aunque quien suscribe esta nota recuerda, porque estaba presente como Abogado Consultor del Banco República una actuación -esa es la palabra adecuada- de connotaciones insólitas en una Comisión del Senado, en donde con el simple expediente de alborotarse y gritar, impulsó, aprovechando el desconcierto de algunos senadores y de un director del Banco, una modificación tonta al Código de Comercio. Como ministro de Ganadería no hizo nada, fue un desastre. Todo su prestigio lo ganó con su récord de apariciones mediáticas y su lenguaje chabacano y ordinario, que apedrea a la cultura nacional, pero seduce a las masas que lo apoyan.
Gobernaría en pro del "hombre nuevo" -el eslabón perdido- en alianza con sus pares ideológicos, Chávez, Correa, Morales, K&K, de manera que la revolución cubana, a la que quiso imponer por las armas, levantándose contra las Instituciones, la consagraría por el voto popular.
No concibo que mis compatriotas hayan perdido la cordura como para darle el poder.
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