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JORGE ABBONDANZA
Estela Medina ya no está en la Comedia Nacional, pero sin embargo está desde el jueves en el escenario del Teatro Solís, un espacio sobre el cual reinó durante seis décadas y desde el cual ha resonado su voz inconfundible. Lo que la actriz protagoniza en estos días es La amante inglesa de Marguerite Duras, pieza que en su momento fue el testimonio de un sorprendente caso real.
En los años de posguerra, una rústica provinciana francesa asesinó a una parienta, descuartizó el cadáver, hizo paquetes con esos trozos y los mandó por correo a distintos puntos del país. Entonces Duras convirtió ese episodio en un esquema escénico muy sencillo, donde la protagonista -y luego su marido- contestan las preguntas de un interrogador y permiten reconstruir poco a poco la truculenta historia.
Corresponde señalar que la obra había sido estrenada por el elenco oficial en Sala Verdi durante la temporada 1971, con dirección de Sergio Otermin y memorables actuaciones de Maruja Santullo y Horacio Preve, ambos ubicados en la etapa culminante de sus respectivas carreras.
Los crímenes de la vida real han sido materia prima para dramaturgos, no sólo por los reyes asesinos de Shakespeare y no sólo en el caso de la Duras. Antes que ella, Las sirvientas de Jean Genet adoptaba el crimen cometido por dos hermanas que cumplían servicio doméstico bajo una patrona inaguantable, a la que terminaban matando de manera bastante salvaje.
En La amante inglesa, Duras retrata en cambio ese enigma de una pobre ama de casa, cuyo espíritu rutinario y carácter sumiso no le impiden alcanzar un estado de furia capaz de convertirla en homicida y de planificar bestialmente el método para deshacerse de los restos. En el Montevideo de 1971, esa propuesta pareció una plataforma ideal para el ejercicio de una gran actriz y un gran actor.
En la pieza no había ninguna amante, y mucho menos inglesa, de manera que el título debe considerarse como una pirueta de la escritora. En momentos de su estreno mundial se jugaba -en francés- con los posibles significados de L`amante anglaise, convirtiéndola en La menthe anglaise (que es una confitura) o en L`amant en glaise (que se traduce como el amante de arcilla) que se pronuncian de manera casi idéntica. Esas son variantes de una retórica muy francesa y de una poesía propia del "nouveau roman", cuando Robbe-Grillet y la misma Duras hacían acrobacias con las palabras.
Lo que de todas formas interesa de La amante inglesa es su estudio de la crueldad, la investigación de cómo una mujer sencilla puede transformarse en una criminal que ocupa la primera plana de los diarios sin abandonar su aspecto tímido, su conducta reservada ni su decoro ante los demás. Ante ese desdoblamiento, Hannah Arendt también podría haber hablado de la banalidad del mal y -con toda seguridad- el resultado figura como el mejor aporte de Marguerite Duras a la dramaturgia, en medio de los altibajos de su aguardentosa existencia.
La nueva versión va en el Solís los viernes y sábados a las 21.30 y los domingo a las 20 horas.
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