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Hasta no hace demasiado tiempo, en el Frente Amplio se especuló ansiosamente con la posibilidad que Tabaré Vázquez intentara su reelección presidencial por otro período de gobierno. Tienen un problema de liderazgo. A Seregni, se lo sacaron de encima, porque no levantaba de un techo electoral muy bajo. Y fue el propio Vázquez quien le hizo la zancadilla dejándolo sin respaldo para llevar adelante la reforma constitucional que el entonces Presidente de la coalición impulsó, obligándolo así a renunciar. Por ese medio Vázquez pasó a ser la primera figura y si él no se postula, quedan muchos niños para el trompo y ninguno con habilidad para hacerlo girar como se debe.
Quienes con entusiasmo se integraron a esa corriente reeleccionista probablemente no hayan pensado que la inconstitucionalidad flagrante de esa tentativa no habría de pasar por el filtro de una Corte Electoral presidida hoy por quien, como asesor letrado de ese organismo hace ya casi cuarenta años, opinaba que la reelección de Pacheco Areco padecía del mismo vicio. Vázquez guardaba silencio y dejaba correr, hasta que un 19 de junio quiso poner en práctica su idea de darle a esa fecha la condición de máxima y poco menos que única fiesta patria, y convocó a la gente a la Plaza Independencia a rendirle homenaje a Artigas, lo cual significaba de paso una demostración de apoyo hacia él. La convocatoria fue un fracaso, concurrió muy poco público, lo cual hizo subir la cólera al campanario del Presidente. Poco después, como si fuera una sanción por el desaire de sus propias fuerzas, anunció que no aceptaría ser reelecto. Y mantuvo su palabra, pese a las insistencias un tanto molestas de integrantes de su propio gobierno.
Pero cuando los reeleccionistas salieron a la calle a recabar firmas, después de plantarse en lo que dijo que sería un "PPS" -que definió como "Profundo y Prolongado Silencio"- tuvo que enviar a algunos voceros para que ratificaran que era hombre de una sola palabra y que no variaría su posición.
Entretanto, quedaba latente la fórmula que también haciéndole fintas a la barrera constitucional que le impide al Presidente toda actividad política, publicitó Vázquez desde un principio, o sea, la de Astori-Mujica en ese orden. Como ante la instalación de puestos callejeros para recoger adhesiones para su reelección Vázquez demoró bastante en desautorizar el emprendimiento, en el MPP se interpretó que la rotunda negativa inicial estaba flaqueando. Y ello trajo como consecuencia una crisis de relaciones entre el Presidente y el sector mayoritario del gobierno, agravada por declaraciones públicas tremebundas de Fernández Huidobro, y un culebrón -venezolano es claro- con lágrimas y todo, a cargo de Mujica.
En el congreso elector de diciembre, surgió nada menos que un apoyo del 72 % para Mujica, ungido entonces como precandidato oficial y una endeble votación para Astori, cuya postulación fue habilitada conjuntamente con la de Rubio, Carámbula y Martínez.
De hecho, la sensación que quedó es que en las primarias de junio, se enfrentarían los dos bloques en que a trazos gruesos pueden considerarse como partes opuestas del Frente: los radicales -tupamaros, comunistas y parentela- y los "social demócratas" que así con alguna piedad se denominan quienes tienen en común alguna idea más avanzada que las de la izquierda jurásica, como pueden ser Asamblea Uruguay, Vertiente, Nuevo Espacio, Alianza Progresista e incluyamos también con cierto reparo a los socialistas. En una palabra que el candidato saldría de un mano a mano de Mujica con Astori. Es difícil concebir que Mujica tenga respaldo como para ser candidato a Presidente de la República, pero Astori quedó tan abollado, primero con la reforma tributaria y luego con su desgaste en el Congreso, que dejó la idea que sus aspiraciones presidenciales estaban sepultadas.
Pero ahora se estaría pergeñando un bloque alternativo entre la Vertiente y el PS que propondría como tercer candidato a Daniel Martínez. Ese sería el tiro de gracia para Astori y un refuerzo para las posibilidades de Mujica, quien de acceder al gobierno, concretará sin duda la alianza que está buscando con sus afines, Chávez, Correa, Morales y el matrimonio K&K.
Que venga el que quiera venir. El Partido Nacional no pregunta cuántos son, sino que vayan saliendo. Y no lo asustan fantasmas ni bultos que se menean.
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