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Carlos Tapia
"Te tengo que cortar, está sonando la alarma, va a caer un cohete". Así de trunca y trágica terminó la conversación que El País tuvo ayer con el médico uruguayo José Taubé, residente de Ashkelon, a unos 18 kilómetros de la Franja de Gaza. Una vez que la alarma de "alerta roja" suena en la ciudad, él, su esposa y sus dos hijos tienen tan solo 30 segundos para refugiarse, si no corren el peligro de ser alcanzados por un misil de los que la milicia de Hamas tira desde el otro lado de la frontera.
Hacía menos de dos minutos que Taubé confesaba su extrañeza de que sólo hubieran caído tres cohetes en todo el día. Él está acostumbrado a que éstos impacten cerca de su casa y a metros del Hospital Barzilai, donde trabaja desde que llegó a Israel, hace seis años.
"El hospital es un poco más grande que el Pereyra Rossell pero tiene muchas salas de operaciones. Igual ahora estamos operando en un refugio antibombas que está en el subsuelo", contó Taubé. En el Barzilai no se atiende a pacientes que no estén en estado de gravedad por dos motivos: para dejar lugar a los afectados por la guerra y por miedo a que un misil caiga sobre las instalaciones.
"Hemos tenido unos 70 heridos en estas dos semanas de guerra. Algunos soldados que fueron baleados y la mayoría civiles que fueron alcanzados por los cohetes de Hamas", aseguró el médico uruguayo.
También dos palestinos fueron atendidos en el hospital. Iban en un convoy destinado a llevar ayuda humanitaria a la Franja cuando fueron baleados por Hamas. Ambos están estables. Taubé reconoce que "lo que uno ve de los civiles en la franja es terrible" -según los servicios de salud de Gaza la mitad de casi 900 palestinos muertos no tienen nada que ver con Hamas-, pero cree que a "Israel no le quedaba otro remedio que atacar".
Pese a todo, Taubé y su familia no están asustados. "Yo no tengo miedo y mi familia tampoco. Incluso mi hija, que vive en Tel Aviv, vino a pasar sus vacaciones con nosotros. Solo hay que cuidarse de que los cohetes no te agarren lejos de un refugio".
"La única vez que me asusté en estas dos semanas fue cuando hubo una alarma de `alerta roja` y estaba en medio de un descampado. Tuve que tirarme al piso y taparme con las manos. En el caos perdí una tarjeta de crédito, eso fue lo lamentable", señaló Taubé.
El médico uruguayo reconoce que extraña la paz de su país pero no piensa en volver. "Yo vine acá para quedarme. No soy ninguna rata que abandona el barco. En plena guerra y teniendo un cargo de médico me parecería detestable huir".
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