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En el bullicio de fin de año pasó casi inadvertido un hecho de una gran trascendencia nacional, como lo fue la consideración por el Senado de la Ley Marco de Defensa Nacional, la cual fue aprobada aunque con observaciones por el Partido Nacional. Quienes llevaron la voz cantante de nuestra colectividad fueron los senadores Penadés y Abreu.
Hubo coincidencias en que la ley representa un avance. El tema de la defensa nacional hoy no puede reducirse al aspecto militar, pues requiere una visión dinámica y moderna de lo que es el relacionamiento e inserción del país exteriormente, sobre todo en función de los nuevos conceptos que van inspirando, por un lado la definición del interés nacional, y por otro el de la soberanía nacional.
Por mucho tiempo el tema se ciñó a aspectos militares y básicamente territoriales, que se resumían al enfrentamiento o a la defensa por parte del Estado, en todo lo referente a sus límites y sus relaciones, marcadas sobre todo en el ámbito regional por la intensidad de los afectos. Hoy el reclamo ha dejado de ser para nosotros de carácter estratégico territorial. Debe serlo de carácter estratégico integral, en base a una visión que tenga el país respecto de la dinámica de sus límites pero sobre todo por la forma de relacionarse, con respeto y firmeza, con los contactos y obligaciones permanentes que mantiene con los limítrofes.
El artículo 3° del proyecto establece que la política de defensa nacional debe propender a través de acuerdos amplios a políticas de Estado y cumplir con los principios generales del derecho interno e internacional, en coordinación con la política exterior del Estado y respetar especialmente los principios de autodeterminación de los pueblos, de preservación de la paz, de no intervención en los asuntos internos de otras naciones, de solución pacífica de las controversias y de cooperación entre los Estados. Este texto no recoge una visión estratégica del país que no se limite exclusivamente a la defensa y lo incorpore a una dimensión mucho más amplia que el Estado debería asumir. Al texto le falta fuerza para que un pequeño país como el nuestro pueda manejarse en temas relativos a la defensa e interés general, en forma integral.
El artículo 2°, habla de la defensa nacional como "un bien puro, público y absoluto". En realidad la defensa nacional es un derecho y un deber del conjunto de la ciudadanía, que es integral al Estado. Una política de Estado es el resultado de consensos y entendimientos políticos de los actores de un país que son capaces de superar sus divergencias de corto plazo para proyectarlas en el mediano.
Queda un aspecto positivo, que define que el tema político prevalece sobre el interés sectorial.
El artículo 4°, habla de la legítima defensa. El proyecto del Poder Ejecutivo admitía el recurso del uso de la fuerza para los casos de agresión militar efectiva o inminente, condiciones que quitó el texto aprobado por la Comisión. Es peligroso para un país pequeño flexibilizar el concepto de inminencia de una agresión externa, pero podemos reclamar la interpretación estricta, con un concepto de interés nacional, de los lineamientos que utilizan las grandes potencias.
Hay otras observaciones, como la referente a los gastos reservados sobre los cuales no se pretende ninguna publicidad pero sí que por lo menos se establezca un contralor de su empleo. No se aclara en dónde debe estar la Inteligencia que maneje estos temas. La ley habla de una inteligencia militar distribuida en áreas básicas de la Administración General y del Estado Mayor de la Defensa como si la inteligencia militar tuviera más neuronas que la civil.
En fin, ninguna propuesta de modificación va a tener éxito sobre lo que ya viene servido a la mesa, y es una pena que siendo un instrumento de avance, no se hubieran ajustado más algunos temas que intentan dar el paso en que el país debe fortalecerse institucionalmente para que su visión estratégica y su estructura institucional sea parte de un esfuerzo conjunto, y no aislado, o parcial. Es muy importante que cuando se tenga que definir una política de Estado no sea necesario establecerla en un articulado porque debe definirse por la voluntad política de los que tienen la responsabilidad de impulsarla.
Tal, en síntesis, el enfoque nacionalista de un tema que por su trascendencia, mereció otra difusión en el ámbito de la opinión pública de la que en definitiva tuvo.
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