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ALEJANDRO NOGUEIRA
Para el último año de mandato, el gobierno y el Frente Amplio dejaron la cuestión de la ley de reparación a las víctimas de la dictadura. Antes aprobaron la ley 18.083, de alcances tan limitados y reparaciones tan restringidas, que bien pudo haberla hecho un avaro gobierno de derechas.
La norma en agraz supone, además, algo así como un pedido de disculpas del Estado por las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, aunque resulte paradojal que este acto provenga de un gobierno de izquierda que en su mayoría fue víctima de aquellos hechos. No está claro en qué medida ese "Estado" que pide perdón comprenderá a las Fuerzas Armadas, que fueron entonces el instrumento de la vesania fascista y que, hasta ahora, no ha hecho gesto como institución en este sentido y ni siquiera ha aportado toda la información que aún tienen sobre los desaparecidos muchos de sus integrantes. Seguramente sus actuales mandos no tenían puestos de destaque en aquellos tiempos, pero varios eran entonces oficiales jóvenes y probablemente algunos hayan empuñado una picana.
Ahora algunos ancianos militares retirados ex protagonistas de primera línea y aún sobrevivientes del gobierno de facto están reclamando la reparación a varias decenas de familiares de policías y militares afectados por aquella "guerra" en la misma norma en la que se buscará reparar lo irreparable ocasionado a las miles de víctimas de esos mismos militares, que son, por cierto, muchas más que aquellas que, desde fuera del sistema democrático de partidos y con algunas armas, enfrentaron el statu quo de aquella débil democracia de los años 70.
El intento del presidente Vázquez de aunar en una sola norma todas las reparaciones fue, pese a su buena inspiración reconciliatoria, un rotundo y comprensible fracaso. Quizá algunas decenas de familiares de policías y militares que murieron en esos años merezcan alguna reparación por haber caído los suyos en acción y en el cumplimiento de lo que entonces se entendía que era su deber.
No se trata hoy de hilar fino en relación a ese grupo de víctimas, pero sí de proclamar que no pueden ponerse en una misma bolsa con los civiles indefensos a los que se atacó con todo el aparato del Estado y sin la vigencia de las instituciones democráticas; con un "parlamento" nombrado a dedo; y con una Justicia que sólo era militar, carente de la más mínima garantía; sin prensa libre, sin nada. Decir "al pan, pan y al vino, vino" no es tener los ojos en la nuca o esforzarse porque aquellas heridas nunca cicatricen. Al contrario: es de justicia histórica y algo indispensable para cualquier cicatrización.
Es irritativo y contrario a todo intento de volver a reconciliar a los militares y la sociedad este reclamo de los dinosaurios de la dictadura, que flaco favor le hacen a la gran mayoría de los actuales uniformados que merecen vivir integrados y respetados por el resto del pueblo. Quizá, como muchos reclaman, algunos grupos de la izquierda antes clandestina y hoy actuando en el marco democrático deban hacer algún acto de contrición. Pero el gesto grande que falta es el de las FF.AA. y que éste no deje espacio a los jubilados, que ya no tienen arrestos para pedir perdón, ni se han arrepentido de nada.
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