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Miércoles 07.01.2009, 05:58 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Tres pruebas en 12 meses

El coreano Ban Ki-Moon, que es secretario general de las Naciones Unidas, emitió una suerte de mensaje de Año Nuevo donde describe las tres grandes pruebas que el mundo deberá afrontar en 2009. El primero de esos desafíos es el cambio climático, una amenaza en torno de la cual se ha convocado para el próximo mes de diciembre en Copenhague a una reunión de los dirigentes mundiales "con vistas a contener el calentamiento planetario". El mensaje agrega que "necesitamos un acuerdo capaz de ampliar, profundizar y fortalecer el Protocolo de Kyoto". Habrá que hilar muy fino, porque las grandes naciones industriales se resistieron en su momento a las recomendaciones de ese Protocolo aduciendo que, una disminución en las emisiones de gases de efecto invernadero podía frenar su ritmo productivo y por lo tanto su desarrollo. Hilar fino, para el secretario general, significa "alcanzar un tratado que todos los países estén dispuestos a aceptar". Los primeros pasos para esa difícil negociación ya se dieron en Poznan (Polonia) hace un mes, en un encuentro de ministros y expertos en clima, aunque los resultados no fueron entusiasmantes.

La segunda prueba que le espera al mundo en este año será económica. La enorme crisis de los centros financieros que estalló en octubre, ha demostrado que sus consecuencias seguirán sufriéndose en 2009. Según el funcionario de la UN, la reunión del G20 que se celebró en noviembre en Washington "demostró que los gobiernos están colaborando para coordinar sus políticas", pero sin embargo "no debemos limitarnos a lanzar dinero a los problemas, sino utilizar esos fondos para colocar los cimientos de un futuro más estable y próspero". La frase del secretario general aludía a ciertos recursos desplegados por Estados Unidos para cerrar las grietas de sectores industriales amenazados de quiebra, y su conclusión hacía referencia en cambio a la desesperante necesidad de destinar fondos al peligro que supondrá el desempleo y la caída del intercambio comercial en los países menos favorecidos. Para ello recomendó "invertir en combustibles sustitutivos y tecnologías que no dañen el medio ambiente" de manera de lograr "una independencia energética y un crecimiento sostenible".

El tercer desafío para 2009 es en cambio "una cuestión de principios", frase que alude a "la inseguridad alimentaria de un sector de la humanidad" pero también a la volatilidad del mercado de materias primas o de las fuentes de energía y a lo que denominó "la terrible persistencia de la pobreza". No caben dudas al respecto, aunque la conducta de los países ricos durante la última década ha demostrado que la voluntad de auxiliar a los más pobres luce muy bien en el papel pero mucho menos en la realidad, ya que sólo se ha otorgado ayuda por un 14% de las metas fijadas para el milenio según acuerdos internacionales. De no procederse a un robustecimiento de esa asistencia, "los disturbios sociales y la inestabilidad política aumentarán y excederán a todos los demás problemas mundiales". El fenómeno se producirá, según Ban Ki-Moon, "en una serie de crisis en cascada, cada una de las cuales nacerá de las otras, con resultados potencialmente devastadores para todos".

Entonces el secretario general cierra su mensaje recomendando "equilibrar nuestros mayores intereses a largo plazo, con las feroces urgencias del presente". Las palabras de un funcionario de tal jerarquía adquieren un indudable relieve a escala internacional, respaldado por el prestigio que conserva ese cargo, que ha sido desempeñado por personalidades de origen muy variado (un sueco, un birmano, un austríaco, un peruano, un ghanés) con lo que las Naciones Unidas procuran equilibrar entre las regiones y continentes el desempeño de semejante papel diplomático, simbólico y protocolar. Pero el prestigio que mantiene la Secretaría General debe compensar la inoperancia que ese organismo mundial ha mostrado cuando debió enfrentar muchas crisis políticas, bélicas y humanitarias, donde jugó un papel tardío, insuficiente o nulo. Conviene recordar al respecto lo ocurrido durante el desastre de Cambodia en los años 70, o el de Bosnia y sobre todo el horror de Ruanda en los 90, para tener idea de la incapacidad de la UN en los peores momentos, que son los que exigirían la impostergable actuación del organismo. Por el momento, cabe desear que las advertencias de Ban Ki-Moon no caigan en el vacío.

El País Digital

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