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Juan Martín Posadas
En nuestro país ciertas situaciones son clasificadas de entrada como sospechosas o censurables; analizadas con la frialdad requerida no resultan tan perjudiciales. A una de ellas me referí la semana pasada. Otras, en cambio, no despiertan suspicacias ni recelos; también ellas, escrutadas con rigor, no resultan como las veíamos al comienzo. El uruguayo abraza con entusiasmo la difundida noción de la hermandad de los pueblos latinoamericanos. No le parece elegante desconfiar; sin embargo, conviene analizar.
El continente tiene un pa-sado de cierta unidad que es el pasado hispánico-colonial. (También tiene -y los americanistas más rabiosos lo olvidan- otro pasado más atrás sin unidad ninguna). El pasado colonial ha dejado obvios rasgos comunes: lengua, cultura, religión y hasta manías administrativas. Pero queriendo o sin quererlo cuando los pueblos americanos del sur se independizaron de España dieron lugar a una fragmentación. Y hace dos siglos que estamos así.
Los pueblos de este continente ex colonial han mirado a Europa según dos tendencias. Para algunos, Sarmiento y Rivadavia por ejemplo (para no meterme en líos mencionando casos uruguayos), consideraron que Europa era el faro luminoso y que el progreso quedaba en la imitación de esa luz. Para otros, estos pueblos, como todas las ex colonias y todos los explotados del planeta, no tenían otra posibilidad de independencia, progreso e identidad que poniendo distancia con los países ricos y buscando refugio y futuro en la fraternidad de los débiles.
Uno puede discutir si eso debía ser así o no debía ser. Manteniendo la mente abierta sobre la discusión, nuestro país debe ir tomando decisiones atento a la realidad que se va desplegando día a día. El gobierno de Venezuela tiene un conflicto estable con el gobierno de Colombia. El Perú tiene un conflicto de límites con Chile. El gobierno de Ecuador tiene un conflicto latente con Colombia y ahora una con Brasil por una deuda discutida. Argentina tiene un conflicto absurdo con Uruguay.
Cuando llegó al gobierno de Bolivia Evo Morales denunció los contratos de venta de gas a Brasil y Argentina porque esos países hermanos le estaban pagando el gas "a precio de banana", como se dice en Brasil. Nacionalizó las empresas petroleras, en primer lugar a Petrobras. Cuando asumió Lugo en Paraguay se dio cuenta, a su vez, que los países hermanos limítrofes le estaban pagando la energía generada respectivamente en Itaipú y Yaciretá a precios discutibles.
Chávez le compró a Argentina miles de millones de bonos que Argentina no puede colocar en el mercado mundial porque está en default. Chávez le da a los Kirchner el crédito que no pueden conseguir en otro lado. Pero ese gesto amigo es a un interés del 14%. La última compra fue el año pasado y levantó tanta crítica que el gobierno argentino tuvo que recomprar esos bonos.
El Uruguay, sin abandonar una predisposición fraterna con todos sus vecinos, no puede dejar las riendas en el suelo. No vamos a embromar a nadie (por respeto a lo que somos) pero no creemos en arcos virtuosos como dijo Gargano ni en hermandades internacionales. Creemos en tratados bien estudiados y cumplidos a cabalidad. Apostamos a una Cancillería profesional y atenta. Abrimos nuestros vínculos comerciales a quienes nos respondan con reciprocidad, sin embalarnos con nadie y atentos a todo. Y de tanto en tanto tarareamos "El Cóndor Pasa" con Mercedes Sosa.
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