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Sábado 03.01.2009, 09:04 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Viento en popa

El comienzo del año electoral encuentra al Partido Nacional navegando con las velas desplegadas hacia la recuperación del gobierno para más de la mitad del país que quedó desplazada hasta de las posiciones de contralor de la gestión de una administración, que ha hecho desde que se instaló en el poder, lo que ha querido. Abusando de su condición de mayoría absoluta actuó llevándose por delante normas constitucionales y legales, prescindiendo y despreciando la opinión de quienes no integran la coalición oficialista, agravando los serios problemas que tiene el país en materia de seguridad, derrochando dinero con una pésima administración del gasto, imponiendo una reforma tributaria que recarga a la renta del trabajo por encima de las del capital. El resultado termina configurando una conducción tan errática, como contradictoria y prepotente, que también dejó en evidencia sus carencias en el manejo de la política exterior, en donde el crédito, la gravitación y el prestigio internacional, tradicional de nuestro Uruguay, sufrieron un fuerte deterioro. Agréguese a ello la parodia de la denominada "reforma educativa", y el desastre que ya empieza a asomar en el ámbito de la salud, y podrá llegarse sin esfuerzo a la conclusión que al país hay que hacerlo de nuevo.

Las circunstancias determinan que sea el Partido Nacional el que lidere esta tarea de reconstrucción, que no resultará sencilla por cuanto han copado absolutamente todos los resortes del poder que desespera por conservar, queda dinero aún, pese a que las condiciones del comercio internacional, que generaron una bonanza inédita durante el período, cambiaron radicalmente. Y ese bolsón de dinero está destinado este año a volcarse en el Carnaval electoral, pero el panorama va a ser muy difícil para el que viene.

El Partido está bien plantado. Serán dos las precandidaturas que disputarán las primarias en donde se decidirá quién es en definitiva el abanderado de la colectividad. Esto en las condiciones actuales, quizá sea lo menos importante. Lo que sí merece destacarse es la hasta ahora granítica confraternidad entre quienes encolumnados en uno o en otro sector, se sienten y reconocen como soldados de una misma causa.

En torno a ambas candidaturas se han alineado además, prestigiosos políticos y técnicos, respecto de los cuales se tiene la certeza que sea cual fuere el Presidente, tendrán su lugar en el gabinete, y en cargos de administración y asesoramiento. Tanto el Instituto Manuel Oribe, como la Fundación Ferreira Aldunate, garantizan la solvencia de estos aportes al eventual futuro gobierno blanco.

Esa armonía que se viene manifestando hasta ahora, y que no se ha visto alterada por algunas alusiones de un sector hacia el otro en tono que puede calificarse hasta de cordial, no es forzada. Al contrario, está demostrando que dentro del nacionalismo, se ha asumido la importancia que tiene la imagen de la coherencia, que le presta soporte a la certeza del entendimiento. Por supuesto que hay diferencias entre los precandidatos. Cada uno hará caudal de los antecedentes y condiciones que le beneficien en la competencia interna. Uno, en una experiencia de gobierno exitosa que terminó con altos índices de popularidad. Otro en el poder de convocatoria que pueda tener en una segunda vuelta respecto del voto extrapartidario. Uno que se sabe proclive a un gobierno de coalición nacional, otro que prefiere verle las patas a la sota para tomar posición en este punto. Y durante la campaña se irán marcando más diferencias, como la que ya existe por ejemplo respecto de la imputabilidad penal de los menores de edad. Pero ninguna de ellas, pondrá en evidencia incompatibilidades ideológicas del tenor de las que existen en el Frente Amplio, que hacen imposible avanzar en profundidad sobre un programa de gobierno.

De todas maneras cae muy bien la noticia de un acuerdo sobre una cláusula "apaga incendios", que significa que en un ámbito informal, allegados a uno y otro precandidato amigos entre sí, se reúnan para bajar decibeles en una eventual subida de tono que alterara el estilo que debe mantener el debate de ideas interno. Probablemente no será necesario, pero la prevención no está demás. Hay que cuidar el camino a la victoria.

"Somos idea, la Unión nos hará Fuerza", enseña nuestro emblema partidario, que entronca en el fondo de la historia.

El País Digital

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