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Sábado 03.01.2009, 09:01 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

Padre e hija en pos de un tesoro muy problemático

DVD. Se editó "El rey de California", con Michael Douglas

GUILLERMO ZAPIOLA

Alguien la ha definido como "una comedia de búsqueda del tesoro para salas de arte y ensayo". No es una mala descripción para "El rey de California", película protagonizada por Michael Douglas que acaba de editarse en DVD.

De hecho, incluso quienes no aprecien especialmente a Douglas (o sean lo suficientemente veteranos como para someter su carisma a un juego de odiosas comparaciones con el de su padre Kirk) deberán reconocer que está muy bien en su papel de individuo recién dado de alta en una institución para enfermos mentales que une fuerzas con su desprejuiciada hija adolescente (Evan Rachel Wood) para encontrar un antiguo tesoro español en las costas de California.

Por supuesto, no se trata de La leyenda del tesoro perdido. Al guionista y director (debutante) Michael Cahill le importa menos el proceso de búsqueda o la serie de pistas que los protagonistas deberían eventualmente seguir para encontrar la presunta fortuna en cuestión, que el examen de las relaciones entre padre e hija. El primero es obviamente un maníaco depresivo que necesita inventarse una excusa para seguir viviendo, y el famoso tesoro es una tan buena como cualquier otra. La muchacha vive las turbulencias de la adolescencia y necesitaría un padre para encarrilar su vida, aunque en varios momentos parece realmente la más madura (o la menos in-madura) de los dos personajes centrales: es ella, en definitiva, quien debe poner en vereda a su despistado padre y, al menos en superficie, se empeña en mantener un aire de autocontrol y competencia, aunque pueda sospecharse que lo que hay tras esa superficie sea una niña asustada.

Es una comedia, claro, pero no la clase de comedia convencional, insulsa y sin gracia con la cual Hollywood satura semana a semana la programación de la televisión por cable. El planteo tiene cierta originalidad, los personajes son complejos, el elenco es competente, hay una cuota de desesperación y angustia por atrás de sus toques de humor.

Antes que los de sus eficaces protagonistas y hasta el de su director y libretista Cahill, acaso haya que tener en cuenta en El rey de California un nombre más: entre los productores figura Alexander Payne, de Ciudadana Ruth, La elección, Las confesiones del señor Schmidt y Entre copas. Quizás deba serle atribuido a él ese tono "fronterizo" entre el cine `mainstream` y cierto carácter autoral e independiente que se desprende de la película, ese empeño en no recorrer caminos trillados aunque se trate de una producción que apela a intérpretes taquilleros y dispuso probablemente de un presupuesto desahogado.

Ya se ha señalado que una de las cartas a la que la película se juega con suficiencia es su elenco. Douglas parece haber creído realmente en su excéntrico protagonista, al punto de que su absurdo comportamiento (y, de hecho, ¿cuánta gente se compra un detector de metales y anuncia que va a salir por ahí a buscar un tesoro?) no resulta absurdo para el espectador. Aclaremos un punto: el asunto es verdaderamente absurdo, sólo que el personaje cree en él, Douglas hace creíble esa creencia, y la transmite a su público. Verdad y verosimilitud son conceptos distintos cuando se refieren a una ficción narrativa.

Si Douglas es el eje del film, tiene empero un interesante balance en la joven Wood, una de las pocas actrices adolescentes que parece estar evolucionando hacia la adultez sin perder impulso. Tras hacer algunas cosas en televisión, había tenido su primer papel importante en cine en A los trece (2003) de Catherine Hardwicke, y más cerca encarnó el papel de Lucy en A través del universo (2007) y actuó junto a Mickey Rourke en la elogiada The Wrestler (2008) de Darren Aronofsky. Alrededor de esas dos figuras centrales, la película construye un mecanismo que tiene su humor, su inteligencia, sus angustias y su dosis de calidez humana. No está nada mal, por cierto.

El País Digital

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