María Julia Pou
El fin de año como todo período que culmina es propicio a la reflexión, al análisis, tanto en lo personal como en lo colectivo. Todos debemos de detener un instante la marcha para ese momento de mirarnos hacia adentro, con la sinceridad única del autoanálisis, que no puede esconder ni disimular nada, que llega a lo profundo de las motivaciones y que es juez duro e implacable.
Nosotros "y nuestra circunstancia "hemos cerrado un año más, doce meses que se agregan a la vida individual y colectiva sobre los que debemos volver la mirada no con la certeza de su irreversibilidad pero sí con la esperanza de que sirven de enseñanza y provecho para lo que vendrá. Este de 2009 ha sido un año especial en más de un sentido.
Por supuesto que en lo colectivo se destacan las tres convocatorias cívicas en las que fuimos proyectando hasta culminar la obra, el diseño que queríamos para nuestra conducción colectiva, para que legisladores y Poder Ejecutivo ejerzan en nuestro nombre el poder durante cinco años. Ca-da uno sabe lo que hizo en esa materia, cómo y por qué decidió a quien prestaba la porción de poder que le corresponde como ciudadano.
Durante los próximos cinco años así quedará organizado el gobierno que regirá nuestra sociedad. El cambio ha sido muy grande aunque permanezca en el poder la misma fuerza política que llegó a él en 2004.
Notoriamente hay diferencias entre el Dr. Vázquez y el senador Mujica y sobre todo entre uno y otro entorno y aun en el pensamiento político.
Del nombramiento del gabinete se adivina una mayor fortaleza de la voluntad del presidente electo quien ha llenado los cargos con la gente de su proximidad.
De las primeras afirmaciones públicas del futuro mandatario, un gobierno muy pragmático y -aparentemente- deseoso de hacer cosas concretas.
En el aspecto internacional persiste el error de atar al país a bloques o grupos de intereses distintos de los nuestros, cosa que conspira contra nuestra independencia.
Nos espera un año cuyo perfil vemos aún en forma confusa, con interrogantes. Ante todo debemos de elegir gobiernos departamentales. Todos los montevideanos tendríamos que decidirnos a cambiar veinte años de altísimos impuestos, de transporte caro, de poca iluminación y un presupuesto que solo deja un 10% para obras. En lo nacional la prosperidad importada parece que nos beneficiará y nos alegramos por ello. Pero nuestra pregunta es si los asentamientos serán eliminados, si seguirá el impuesto a las jubilaciones. Y a los sueldos. Si seguirá siendo imposible en los hechos que trabajen los chicos de 15 años… Si seguirá la seguridad siendo el tema de todos los días. Si la deserción escolar y los malos resultados empezarán a revertirse… Si las cárceles dejarán de avergonzarnos…
Pero laudados todos los pleitos será importante afirmar, no solo con palabras sino con nuestras acciones, que debemos seguir siendo un solo país y que la unidad nacional -nuestro destino como país- será el mejor legado para las generaciones que ya despuntan en el horizonte…