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Julia Rodríguez Larreta
La reunión del Mercosur celebrada esta semana en Montevideo dio para de todo. Sirvió, por ejemplo, de escenario para que el máximo histrión caribeño, Hugo Chávez, derramara frases de hermandad latinoamericana y ofreciera a los pobres uruguayos, el petróleo que quieran. Fue obviado por supuesto, el tema de la abultada deuda, arriba de 500 millones de dólares según los datos oficiales, que ha ido generando Ancap gracias a esos préstamos, por los que cobran su interés, o que se ha incumplido el acuerdo que suponía financiar exportaciones a Venezuela con el dinero que se paga al contado por el 75% de las compras o los daños que ese petróleo más pesado causa en nuestra refinería y obliga a onerosas reparaciones.
Y mientras peroraba como gran latinoamericanista, desde una fábrica de vidrio reconvertida gracias a la generosidad propagandística de sus petrodólares, las bandas armadas del gobierno chavista atacaban a tiros a una manifestación estudiantil opositora en el Estado Táchira, matando a un estudiante de 20 años de un disparo en la cabeza.
Cristina Kirchner, por su parte, sin pelos en la lengua, le reclamó al Presidente brasilero por su rol en la región, diciendo entre otras cosas, "la crisis mundial puso en evidencia todo lo que el Mercosur no pudo lograr ni construir", continuando con una alusión muy directa hacia el gigante vecino. "El proteccionismo puede tener una política de aduanas, pero también puede expresarse en una política de subsidios y de localización de inversiones con excenciones fiscales. Hay Estados que pueden darse esos lujos". Recordó el papel que jugó Alemania como economía rica del bloque europeo y protestó contra las asimetrías del nuestro que "siguen profundizándose". El no haber nombrado a Brasil, no impidió que el destinatario del mensaje quedara en evidencia y si bien Lula no se dio por aludido públicamente, luego no solo faltó al almuerzo programado, sino que suspendió la conferencia de prensa habitual para los medios brasileños, además de adelantar su regreso. La Sra. de Kirchner tampoco asistió y partió antes de lo previsto .
La presentación del brasileño, que hablaba de los logros alcanzados por su país, resaltando que son "uno de los polos principales del mundo en producción automotriz; una potencia energética en expansión, con un mercado consumidor que avanza gracias a nuestras políticas de distribución de renta y promoción de la igualdad social", debe haber despertado alguna envidia que otra. Así como también la evidencia de que Brasil poco necesita del Mercosur, con su futuro rico en oro negro y habiendo superado ampliamente a Argentina como exportador de carne. Y aún cuando lo dicho por Cristina, esta vez tiene buenos fundamentos, no es alguien con demasiadas credenciales para dar lecciones a sus pares.
La Presidenta argentina, no se hace cargo de que si tiene que estar repartiendo dinero a través de distintos planes sociales para mitigar la pobreza y la marginación, no es por culpa de la maldad de los empresarios, sino que se debe en gran medida, a las políticas de su gobierno. La falta de seguridad jurídica y de reglas de juego estables, desestimulan la creación de empleo y sí la huida de capitales, al tiempo que la inflación crece gracias a las emisiones de moneda del Banco Central, licuando de esa forma los ingresos reales de la gente y distorsiona los precios relativos.
Por otro lado, el gasto público ha seguido aumentando y el mercado de capitales que financia el crédito, motor de cualquier economía, ha sido destruido por el propio gobierno con acciones tales como la confiscación de los ahorros que la gente tenía en los fonos de pensión privados (AFJP). O la continua embestida contra el agro, siendo como es, el gran sector productivo del país, al que acosa con impuestos como las retenciones, que actualmente significan cuatro veces más ingresos que los aranceles de importación, a pesar del creciente proteccionismo.
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