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 Jueves 26.11.2009, 19:07 hs l Montevideo, Uruguay
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ECOS

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Mensajes

Momento de reflexión

Ante el balotaje

Eric Haym Fielitz | Montevideo

@| "Como resultado de las elecciones realizadas a fines de octubre, los uruguayos han decidido -por un margen mínimo- que los dos candidatos más votados deban someterse una vez más a las urnas. Quizás haya quienes, no sin razón, crean que habida cuenta del caudal electoral del Frente Amplio, esta medida sea absurda. Sin embargo, no lo es tanto.

La ley constitucional establece que al Presidente se le debe otorgar el mayor respaldo posible. De ahí surge la necesidad de llamar al pueblo a que tome esa decisión, cuando en primera vuelta no se llega a la mayoría necesaria.

Más allá del debate jurídico sobre la exigencia de nuestra Constitución, está el hecho mismo de vernos los uruguayos obligados a hacer este acto de reflexión, que supone elegir entre dos ciudadanos despojados de sus banderías políticas, que representan dos maneras diametralmente diferentes de encarar el manejo de la cosa pública. Dos personas con historias políticas distintas y que defienden valores tan contrapuestos. Quizás nada los pinte mejor que las reacciones que tanto el Dr. Lacalle como el senador Mujica tuvieron en la noche del 25 de octubre, uno desbordado por lágrimas de emoción, el otro con el puño crispado y la cara hasta el piso.

El Partido Colorado, al cual pertenezco -hoy en día tener un sentimiento de pertenencia respecto de un partido político parece una excentricidad, pero no lo es- ha recomendado votar por el Dr. Lacalle, en el entendido que éste ofrece mayores garantías de cumplimiento de la Constitución y de la ley que el senador Mujica. No ha hecho acuerdos programáticos ni ha condicionado ese respaldo a nada especial. La pregunta que surge apunta al por qué de esa diferenciación en un punto tan poco usual. ¿No va de suyo, acaso, que una persona que representa a casi la mitad de la población del país y que aspira a ser Presidente, deba dar garantías de cumplimiento irrestricto de las normas que nos rigen? Debería ser así. Sin embargo, el propio Mujica, y quienes le rodean, se han encargado de sembrar dudas muy razonables sobre sus convicciones respecto a la democracia, la tolerancia y el respeto a la ley y a la vida. ¿Hablo del pasado? Sí. Pero hablo también del presente. Y en especial, hablo del futuro.

La soberbia no es buena compañera de ruta. Cuando una persona emite un voto, no lo hace solamente por un programa de gobierno -que pocas veces se cumple- sino por las personas destinadas a ejecutarlo. No hay demasiados misterios respecto a cuáles son los problemas que enfrenta nuestro país y los caminos que debe transitar. La cuestión radica en quién tome el timón de este barco. A esas personas no se les pide que sean genios en economía y en ciencias políticas. Estos años hemos aprendido que se pueden ignorar los más intrincados entretelones de la administración y aun así hacer un papel digno. Lo que sí se les debe exigir es que, por lo menos, crean en lo que hacen. Ahí radica, a mi entender, la mayor diferencia entre Lacalle y Mujica: uno participa en la democracia liberal porque cree en ella; el otro lo hace -ha confesado sin pudores- porque le conviene. Uno desea mantenerla como garantía de la libertad; al otro este tema ni le calienta porque le es ajeno. Es la diferencia entre el día y la noche.

Para mí es razón suficiente, aunque en estos tiempos tan flacos en valores, esta sutileza pueda no ser entendida.

Alguien ha sostenido, no sin razón, que el Dr. Lacalle y el Herrerismo están en las antípodas del pensamiento y de la acción del Partido Colorado. La historia común, desde 1836 hasta hoy, así lo atestigua, aunque para el senador Mujica y los suyos ésta no sea una verdad tan aparente. Sin embargo, ser tan diferente del batllismo como el agua lo es del aceite no invalida que se prefiera al candidato nacionalista por sobre el antiguo guerrillero, no tanto por sus ideas programáticas sino por la convicción democrática del primero, de la cual el segundo es huérfano.

A este punto hemos llegado los uruguayos. Antes esta disyuntiva ni se discutía: nadie dudó jamás de las convicciones democráticas de Seregni. Sin embargo, tan primitivo nos está quedando nuestro país que deberemos decidir entre un ciudadano que necesita de todas las voluntades para gobernar y otro que, encerrado en la soberbia, cuenta solo con los suyos. Deberemos decidir entre uno que intenta ser el Presidente de todos los uruguayos y otro que está haciendo todo el esfuerzo por serlo sólo de unos cuantos. Tan poco nos estamos pareciendo a nosotros mismos que asombra".

El cigarrillo electrónico

Una ex fumadora | Montevideo

@| "El cigarrillo electrónico o mejor dicho, vaporizador, que es lo que técnicamente es, me hizo dejar el tabaco. Desde que lo compré, nunca más probé un cigarrillo. Me siento bien, no me fatigo, mi presión está estabilizada, mis pulmones libres, mi olfato presente otra vez, la comida nuevamente tiene sabor. Voy a estar agradecida de por vida a quien lo inventó y a quien lo trajo al país para ponerlo a mi alcance, ya que por mi salud no debo fumar nunca más y hasta ahora no lo había logrado.

Esta mañana prendí la radio, como de costumbre, y escuché que salió un decreto prohibiendo la venta de los vaporizadores. No me llamó la atención, ya que este gobierno parece empeñado en dirigir nuestras vidas. Sí se permite la venta de los chicles y parches de nicotina, que nos permiten acceder a dosis altísimas de esta droga. Entonces no entiendo por qué se nos prohíbe acceder a un medio que a la vez que nos da el placer de inhalar, nos permite hacerlo con mínimos niveles de ella, o ninguno, como es mi caso a esta altura del proceso. Es un proceso suave, paulatino, sin sufrimiento, no como el caso de las pastillas que hay en el mercado para dejar de fumar, que deben suplementarse con antidepresivos y tranquilizantes, experiencia por la que pasé y no dio resultado.

Resulta que sí puedo comprarme todos los cigarrillos que quiera y consumirlos en todos los lugares que el gobierno no me limite, puedo agarrarme todos los enfisemas y cánceres que yo elija. Pero no puedo acceder a un vaporizador ni siquiera para usarlo en la privacidad de mi casa o en la calle, cuando es el que me está salvando la vida. Realmente es una actitud dictatorial y de limitación de las libertades individuales. Que se limite el uso si eso hace feliz a alguien, pero que nos dejen usarlo. Porque si este decreto entra en vigencia, otra vez este gobierno va a privilegiar a todos aquellos que pueden viajar y acceder a esto en el exterior. Estoy cansada de que los más ricos sean los más privilegiados. Porque en este momento, por la suma de mil y pocos pesos (el precio de dos cartones de cigarrillos), todos tienen acceso al vaporizador, de lo contrario serán aquellos que veranean en Miami quienes lo puedan usar. Y entraremos en un mercado negro donde el gobierno va a dejar de percibir los impuestos de importación, y los usuarios deberemos pagar lo que a los contrabandistas se les ocurra cobrar.

¿No sería más inteligente regular la venta de estos productos, haciendo que el Ministerio de Salud Pública controle la calidad y graduación de nicotina de los líquidos que se utilizan? Así estaremos todos realmente protegidos".

Números de la economía

Alberto Piqueras | Montevideo

@| "Quien escribe no participa en la contienda electoral por ser ciudadano extranjero, pero con conocimientos en economía suficientes como para analizar los comentarios de distintos expertos en la materia; asimismo, vivo en Uruguay desde 1955.

He leído con detenimiento los conceptos volcados por el economista Gustavo Licandro sobre el plan del Partido Nacional; repito, no tengo colores políticos y me ha parecido totalmente coherente y aplicable, sobre todo conociendo la gestión que este especialista puede llevar a cabo. Asimismo, debido al grado de seriedad y de ponderación que suelen tener aquellos que saben de los temas económicos, el mencionado economista es conservador con el puntaje de crecimiento del PBI que proyecta, por lo cual sus números son totalmente realizables, alcanzables, sin tener que apelar a prácticas complejas y explicaciones absurdas que las entienden sólo un pequeño grupo que se dicen iluminados.

El especialista Licandro nos demostró con un razonamiento muy sencillo de qué manera se pueden corregir una serie de impuestos al trabajo, a los pequeños ahorristas y a un grupo de personas mayores que tienen como complemento de sus escasos ingresos un alquiler, de una modesta casita como inversión inmobiliaria.

Luego están los otros, encumbrados en plataformas ancladas en el barro, que se creen dueños de la verdad, que transpiran intolerancia, prepotencia y soberbia, como dijo alguien muy aplicado en estos temas.

Los que practican estas costumbres suelen ser los mayores deshonestos intelectuales y han faltado a lo que se han comprometido por escrito, los documentos están en nuestro poder, sobre un grupo de ahorristas-cuotapartistas de los ex bancos Montevideo y Comercial".

Derechos de los niños

Silvana Delgado | Montevideo

@| "Quisiera sumar mi voz a la de todos aquellos lectores de El País que vienen expresándose a favor de los derechos de los niños. Quisiera saber si alguno de los dos candidatos a la Presidencia está decidido a hacer algo en serio para no permitir más el abuso de seres indefensos que están obligados a trabajar en la calle. Mientras algunos vemos a los clasificadores de basura con dolor, otros los ven con indiferencia y otros incluso sacan rédito. La paradoja es que el problema persiste y se agrava, en un país donde nos gusta decir que somos solidarios y cultos y donde el desempleo baja.

¿Para cuál de los candidatos es una prioridad la seguridad social y el medioambiente?"

Se fue de gira

Roberto Jones | Montevideo

@| "No te moriste, Enrique Mena Segarra. Seguramente nadie muera. Pero las buenas personas como vos, las que dieron todo por la cultura, es decir por el Alma de su país, seguirán siempre vivas. Todavía no se había ido la dictadura, todavía hubo que recoger firmas para no aceptar el olvido de la proclama leída por Alberto Candeau. Todavía hubo que ir a buscar a Wilson a Buenos Aires y acompañarlo en su regreso saravista del 16 de junio. Todavía hubo que ir a manifestar todos los días a las cinco de la tarde hasta la Plaza Independencia y hacernos filmar por los represores, para pedir por la libertad de Wilson preso en un cuartel de Trinidad. Todavía hubo que gritarles a los pactistas del Club Naval: ¡Nada! ¡Sin Wilson no queremos nada! Todavía hubo que tragarse la cicuta mezquina de la conjura e ir a votar con Wilson preso y con dirigentes políticos proscriptos. Todavía hubo que ir a a recibir a Wilson cuando lo dejaron en libertad después de haberle cercenado la posibilidad de ser Presidente. Todavía hubo que recibir la más grande enseñanza y ver la grandeza de espíritu que puede tener un mortal: perdonar a sus enemigos, sacrificarse por sus compatriotas y regalarle a su adversario tradicional todo el apoyo para gobernar. Todavía hubo que convencer que era necesario una amnistía para los presos políticos y otra para los tiranos. Y donde hubo necesidad de dar apoyo al Partido y a Wilson y a la Patria renovada, ahí siempre estuviste tú. Siempre en primera línea, mezclado con el pueblo libre, aconsejando, opinando, dándonos tu conocimiento, formándonos, acompañando compañeros.

Fuiste integrante fundamental de la querida y ya olvidada Comisión de Cultura del Partido Nacional, que reunía en Casa de Los Lamas a más de 150 intelectuales y artistas blancos de todos los sectores, incluso frentistas. Hubo que estar y estuviste. Hubo que comprometerse y te comprometiste. Hubo que aceptar y aceptaste. Hubo que crear la reconciliación y la paz y la creaste. Hubo que irse y te fuiste. Más rico espiritualmente que materialmente. Tuviste que desprenderte de lo mejor de ti, tu conocimiento y te desprendiste. Tuviste que morir para que tuviéramos que rendirte honores.

Estarás en las nubes de poncho blanco, junto a Wilson y al único Principio de las cosas. Hasta siempre amigo y compañero. Como decimos los actores, estás de gira. Nunca te olvidaremos y con los ojos húmedos de libertad y honra te despido gritando: ¡Viva Wilson! ¡Viva el Partido Nacional!"

El País Digital


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