SEBASTIÁN DA SILVA
Mañana de noche, estaremos pendientes del resultado de nuestra selección, alrededor de mesas de bares, de casas de familia, estarán todos los uruguayos nerviosos por las posibilidades de poder ir nuevamente a un mundial de fútbol.
En esas reuniones no habrán frentistas, colorados, blancos e independientes, habrán familiares, amigos, compañeros de trabajo o estudio, y en la mayoría de los casos serán reuniones "intra partidarias", donde el factor común de critica o festejo serán los aciertos de Forlán, el planteo del Maestro Tabárez y la ecuanimidad del árbitro español.
En horas, los habitantes de la apacible República Oriental del Uruguay, dejan los reproches, los pasados turbios, los ataques personales, los Feldman, los "berretines", el tufo a sesentismo, y los desprecios a quien piensan distinto para abrazarse a una de las causas comunes que más nos unen.
En honor a ese espíritu y para contribuir a la recta final de este proceso electoral es que hoy queremos proponer alguna idea para que el gobierno que viene sea lo más equilibrado posible, y como la "Celeste", intente representarnos a todos. Como decíamos la semana pasada, el mapa político del Uruguay marca una mayoría parlamentaria del Frente Amplio, lo que daría la posibilidad de poder tener dentro de las dos opciones posibles, al Presidente con mayor preparación y experiencia, obligado a acordar con la oposición la mayoría de las cuestiones trascendentes. La lógica del que mejor sabe hacer, hace y los que mejor saben controlar controlan.
Ahora bien, si se quiere profundizar el nivel de equilibrio en el manejo cotidiano y transparente de la cuestión estatal, podríamos intentar un método verdaderamente revolucionario para asegurar esta co habitación. En las empresas del Estado está claro que los controles de las minorías van a existir, nadie en su sano juicio permitirá con el nivel de enfrentamiento que hoy existe tener nuevamente a los opositores afuera de los directorios, pero, queda el otro resorte Gubernamental afuera, es decir la estructura misma del Poder Ejecutivo, es decir los Ministerios, con control parlamentario pero sin esa cotidianeidad tan transparente.
Si miramos el organigrama de los ministerios, encontraremos a la figura de sub secretario como alguien que tiene como único deber sustituir al ministro, no es ordenador del gasto, no tiene una dirección a su cargo, no puede firmar decretos, no organiza licitaciones. Es una figura que complementa el equipo, pero que legalmente no tiene otra tarea que colaborar al funcionamiento mismo de una Secretaria de Estado. Un gobierno presidido por el Dr. Lacalle, puede perfectamente otorgarle al Frente Amplio, todas las sub secretarias para poder controlar efectivamente, en el manejo cotidiano y en la toma de decisiones el accionar del Poder Ejecutivo.
Esto no significaría consulta previa, porque las cosas hay que hacerlas, pero sí información, complementación, intercambio de perspectivas y por sobre todas las cosas, armonía y equilibrio que es lo que más necesita el Uruguay. En este esquema el país inauguraría una nueva era de madurez política, instalaría una novedad en el funcionamiento estatal y obligaría a los partidos a estar comprometidos en la mayor parte del período con las causas que más nos importan a los uruguayos. Ojalá sea así.