Antonio Mercader
Este fin de semana, mientras acusaba al Partido Nacional de violar la veda publicitaria, el Frente Amplio la vulneraba a su antojo con un folleto publicado y repartido con la prensa del domingo. Símbolo de la hipocresía progresista -haz lo que yo digo pero no lo que yo hago- esa entrega es parte de una serie iniciada con aquel folleto en donde la izquierda confesó su fracaso en materia de seguridad. ¿Recuerdan? Aquella autocrítica desató una crisis entre los publicitarios del Frente y una ola de reproches contra ese raro instante de sinceridad. En adelante, sólo cabrían elogios en la folletería oficialista.
En esa línea, con una estética pulida y una portada con Mujica y Astori "producidos" desde el pelo hasta las uñas, el folleto presentó algunas cifras del balance del gobierno en tanto escamoteó otras. Por ejemplo, omitió citar números que prueban que en el último cuatrienio empeoró la distribución de la riqueza (comparar el índice de Gini), que el Estado engordó con 15.000 nuevos funcionarios (muchos de ellos puestos a dedo) y que el gasto público se disparó a niveles nunca vistos (en particular en este 2009 electoral).
Pero no me quejo de tal escamoteo, pues mostrar virtudes y tapar defectos es usual en la propaganda. De lo que me quejo es de la mala fe con que ese impreso pretende culpar a Lacalle por la crisis del 2002 y sus consecuencias. En la última página del folleto -ya devenido en un vulgar panfleto- un título afirma que "durante los años de cogobierno de Batlle y Lacalle el salario real bajó 13%". El texto recuerda que "entre marzo de 2000 y noviembre de 2002, Batlle y Lacalle gobernaron juntos". La idea del panfletista es clara: cargarle las cuentas a Lacalle.
Para ello, explica que "fueron dos años de completa sociedad política con 5 ministros blancos" que a continuación enumera y entre los cuales me incluye como ministro de Educación y Cultura que fui (y a mucha honra). Allí estoy señalado como uno de los corresponsables de la crisis y, según parece, como cómplice de una torva conjura para arruinar a todos los uruguayos. Así de simple es la insidia cuando la idea es enlodar nombres a cambio de algunos votos: ahí están los malos de la película, los responsables de las plagas de Egipto, los portadores de la aftosa y el "crac" bancario.
El libelo, fiel a las normas de su especie, corta grueso sin entrar en detalles. Omite señalar la incidencia de factores externos, esos mismos que beneficiaron después al gobierno de Tabaré Vázquez. Omite advertir que la cooperación de los blancos con aquel gobierno sin mayorías propias se quebró precisamente por discrepancias con el manejo de la crisis. Y olvida la lastimosa actitud del Frente Amplio en medio de la tormenta cuando salió a pedir el "default" por boca de Vázquez, una medida que, de adoptarse, habría liquidado para siempre el buen nombre del país. Ese buen nombre del que se envanecen hoy.
Aunque el panfletista conoce la real historia, opta por distorsionarla. Es que le pagan por abatir a Lacalle a cualquier precio y despejarle a Mujica el camino hacia el poder. Es por eso que anuncia el "país de primera" prometido por el Frente Amplio mientras esconde un dato central: que Batlle le entregó el gobierno a Vázquez con un déficit en las cuentas públicas del 1.4%, en tanto Vázquez, a pesar de tanto viento a favor, nos legará en marzo un bochornoso déficit del 3%. Deplorable omisión del panfleto.
Moraleja: un "país de primera" no se construye con panfletos de cuarta.