JUAN MARTÍN POSADAS
En los días que corren se vuelve a hablar mucho de dos modelos de país. La división que sufre el país empuja hacia esa descripción. Sin embargo un análisis detenido muestra que esa explicación de la realidad no es buena. No sólo es equivocada desde un punto de vista táctico (porque consolida la peligrosa división al subrayarla, y eso no es bueno), sino porque directamente constituye una versión equivocada de la realidad.
Tiempo atrás el Dr. Julio María Sanguinetti acuñó la expresión "familias ideológicas" para caracterizar la división que afecta al país. Tampoco ésa es una buena descripción. Corre peligro de cobijar involuntariamente un aristocratismo político (hay familias bien y de las otras) pero, sobre todo, atribuye a las ideologías una importancia desmedida, ajena hoy a las realidades partidarias y ciertamente muy distante de las motivaciones que orientan el voto del común de los uruguayos.
En concreto, no es correcto definir el balotaje como una confrontación o comparación entre familias ideológicas o entre modelos de país. Se trata de otra cosa. El Presidente Vázquez ha declarado el jueves que el debate se centrará en dos formas de encarar un gobierno en lugar de una contienda de modelos.
En mi modesta opinión, lo que los uruguayos tenemos por delante es un cotejo (disputa, comparación) entre dos personas, dos estilos, dos representaciones, dos ofertas de condiciones y cualidades personales para el ejercicio del cargo de Presidente de la República. Otros elementos -que los hay- ya fueron puestos a consideración (y zanjados) en los pasos electorales anteriores.
El Uruguay dividido se explica por un conjunto de razones; unas son de orden político, otras de orden social y otras de orden cultural e histórico. Todo eso tiene que ver con el telón de fondo frente al cual discurre el proceso electoral.
No se puede negar. Pero este último paso o etapa se condensa en dos nombres: Lacalle o Mujica. Así está dispuesto en el ordenamiento constitucional que rige actualmente nuestros procesos electorales.
Los términos en que el balotaje debe prepararse y tramitarse, los más prudentes y, a la vez, los que aluden de modo más certero a la realidad, aparecen en un discurso reciente del Dr. Lacalle.
La discusión -dijo- es más sobre el cómo hacer que sobre el qué hacer. Lo que marca la diferencia no es tanto el qué hacer sino el cómo hacerlo. Pero, agrego yo, también es crucial el quién, la persona. Tan obvio resulta ello y tan claro lo tiene el comando frentista que a toda hora insiste en las responsabilidades que se le confiarán a Astori y en tapar y disimular a Mujica.
Lo que marca la diferencia, está en el cómo y en el quién. La elección de los medios para lograr el objetivo, la aptitud de elegir políticas concretas aptas para cada asunto y cada problema.
Es de gran importancia, la capacidad personal para gestionar la aplicación de esas medidas, la constancia para mantener el esfuerzo durante el tiempo necesario sin flaquear, la flexibilidad para aprovechar la singladura que impongan los vientos adversos y, por último, las condiciones de mando para reunir y mantener el equipo coherente que vaya implementando con fidelidad las instrucciones recibidas.
Todo esto, tan vinculado a lo personal, es lo que está para ser decidido el último domingo del mes en curso.
Ni modelos ni familias: dos candidatos, dos personas y sus respectivas cualidades y bagajes personales.