Analizar la realidad política de un país ajeno es una tarea peligrosa. Sobre todo cuando se busca explicar esa realidad a quienes poco o nada saben de ella, y se pretende simplificar demasiado las circunstancias únicas de un país diferente, para adaptarlo a la visión propia de las cosas.
Estos "peligros" quedaron más en evidencia que nunca en la cobertura que algunos corresponsales extranjeros han enviado a sus países con motivo de las elecciones del pasado domingo. Tal vez el tema se vea agravado por el "factor Mujica", personaje que se presta para que los enviados den rienda suelta a la veta más emocional y fantasiosa de su repertorio. Pero hay cosas que ya resultan agraviantes, y que sólo se pueden justificar en la falta de preparación, en la liviandad, o en la mala fe.
Por ejemplo, llama la atención la distribución de etiquetas que hace la enviada de El País de Madrid, Soledad Gallego, que en un rapto de originalidad ha descubierto que Mujica es "el nuevo Lula", con que sueña Uruguay, según tituló uno de sus despachos. Más allá del derecho de cada uno a decir lo que le plazca, Mujica tiene tanta semejanzas con Lula, como Uruguay con Brasil. Posteriormente describe a Lacalle como el candidato "que representa al Consenso de Washington". Esa si es nueva. Sería bueno saber cómo describiría al ex ministro Astori, que fue nombrado en su cargo por el presidente Vázquez en la puerta del FMI en la capital de EE.UU. ¿Un neocon?
Lejos de quedarse satisfecha con tal descubrimiento, la corresponsal destaca dos logros del gobierno de Vázquez: el plan Ceibal y la "creación del sistema de escuelas de tiempo completo", que da de comer a 24 mil escolares pobres. Enternecedor. Lástima que ese sistema fuera una idea de un gobierno blanco "neoliberal" (según sus palabras), implementado por otro colorado "extremadamente conservador" (Batlle se revuelca en su tumba) y a la que nada aportaron salvo pedradas, los sensibles progresistas. Curioso, ¿no? Casi como cuando para explicar el "rechazo" que generaría Lacalle en los votantes, toma como única fuente al imparcial ex tupamaro Rosencof, que sentencia que el gobierno blanco fue "la quintaesencia de la corrupción". Ecuanimidad, que le dicen.
Siguiendo por España, otro que se informó mal fue el enviado de El Mundo, Ramy Wurgaft, quien en una de sus crónicas sostiene que Mujica "fue herido seis veces, cuando combatía a la dictadura". Se ve que no se esforzó mucho en buscar información, porque el propio Mujica ha dicho hasta el hartazgo, que cuando llegó el golpe, él ya estaba "guardado" hacía tiempo. Pero cuánto más lindo suena esa mentira, que decir que el viejo guerrillero hoy devenido humilde agricultor, en verdad recibió los tiros cuando buscaba derribar a un gobierno democrático.
Pero lo de los españoles empalidece al lado de las cosas que se pudieron leer en "la vecina orilla". Desde el diario Crítica que en su versión on line se explaya en un largo artículo sobre la historia de los "tupamaros", o cuando dice el disparate de que el gobierno frentista no pudo derogar la ley de Caducidad porque necesitaba mayorías especiales, hasta cuando afirma que por la ratificación de esa ley "los represores continuarán en libertad". Gregorio Alvarez, Gavazzo y el resto de su pandilla hoy a "la sombra", con plena vigencia de la ley, tendrían algo que decir al respecto.
Pero si el lector quiere leer ficción mezclada con romanticismo, nada como Página 12. El enviado del medio argentino inicia una crónica sobre la ley de caducidad, diciendo que "al parecer, la sociedad uruguaya prefiere seguir siendo conservadora". Luego traza un paralelismo conmovedor entre el humilde "barrio Cerro", donde no hay "ni un voto para colorados o blancos", con el "San Isidro uruguayo", Carrasco, donde habla en un bar "rodeado de bancos extranjeros y una tienda inglesa" con "una chica parecida a Wanda Nara, rubia y con lentes de sol", que por supuesto, vota a Lacalle. La vida es tan sencilla...
Estas son sólo algunas "perlitas" que se han visto de esa cobertura. Las hay peores. Pero lo más grave no es que los extranjeros reduzcan casi 180 años de historia política de blancos y colorados, en la que se forjó la sociedad más igualitaria de la región, a una competencia para ver quien gana el mote de más "conservador", a los que sólo les falta la capa negra y los colmillos sangrantes, mientras "El Pepe" sigue cultivando sus pacíficas acelgas. Lo más grave es que haya uruguayos que se lo crean.