IGNACIO DE POSADAS
Podrán haber diferencias de énfasis o intensidad, pero creo que el país entero comparte la expresión del título, incluyendo (y probablemente entre los primeros) a los propios candidatos.
Ha sido una campaña, o una sucesión de campañas, demasiado larga que, además, no es percibida como llena de contenido y de elevado nivel.
Mañana se hablará de los resultados y no faltarán quienes, como los comentaristas de fútbol, expliquen y demuestran que, desde los comienzos dijeron lo que al final sucedió.
Hoy de los resultados no se puede hablar, pero vale la pena reflexionar sobre lo que pasó para sacar algunas lecciones en beneficio de la vida política del país en su conjunto, por encima de preferencias partidarias.
Muchos son los que reniegan de la política (y no pocos los que se dejaron tentar por otros mecanismos), pero no hay democracia sin política y ni una ni otra sin seres humanos. O sea, todos pasibles de los defectos y miserias que nos afligen a los mortales.
Así que bien vale la pena hacer el esfuerzo por descubrir qué no funciona bien, para intentar corregirlo.
Empecemos por lo más fácil: nunca más campañas tan largas y encima, durante los meses de invierno.
Desgastan a los candidatos, pudren a la gente, obligan a los partidos a desangrarse económicamente y no ayudan a fortalecer el proceso democrático. Con la experiencia hecha hasta ahora no llego a afirmar que el mecanismo de las internas tenga más contras que pros, pero no requiere de campañas tan largas.
Más vale fijar la interna en abril, induciendo a una campaña corta al salir del verano y dar tiempo de pasar los meses de invierno antes de largar la carrera a octubre.
Otra cosa son las municipales en fecha separada. Significa prolongar más aún los tiempos electorales, con el agregado (negativo), de que alientan a los candidatos a Intendente a hacerse los chanchos rengos en las campañas nacionales.
El otro problema, la conjunción de factores que convergen para marcar el contenido y nivel de las campañas, ya es algo más complejo, más difícil de solucionar y, en todo caso, fuera del alcance de una solución legislativa.
Por lo general, la opinión pública y quienes fungen de observadores políticos, atribuyen la responsabilidad a los actores políticos y, más concretamente, a los candidatos.
Hay algo de cierto en ello aunque la generalización es injusta, pero la realidad va más allá. En parte porque el actuar de los candidatos responde a sus percepciones acerca de lo que los electores están pensando y queriendo. En cierta forma son a la vez causa y consecuencia.
En Ciencia Política se discute hace muchos años el rol que en la vida política de una sociedad juegan los factores culturales, y hay pensadores que atribuyen primacía a la cultura por sobre las decisiones políticas que puedan tomar los diferentes actores.
Según esa posición, el bagaje de ideas, valores y sentimientos que conforman la cultura política de una sociedad acota y hasta determina su vida política.
Dicho en otros términos, es muy difícil, cuando no imposible, emprenderla victoriosamente contra la inercia cultural. Quizás sea imposible de probar una regla absoluta y general, pero si uno analiza la política de nuestro país debe concluir que los intentos de cambio provenientes de las lideranzas políticas, no han sido muchos los pocos que se aventuraron, tuvieron grandes dificultades y resultados bastante relativos.
Como que da para concordar con que en nuestro país, la cultura predomina sobre la política.
Y algo de eso ha ocurrido, a mi juicio, con este fenómeno del nivel de la campaña que acaba de concluir.
Será endilgable a los políticos en cuanto a que ellos han sido los actores principales, pero escarbando un poco, encontraremos una inclinación a lo playo en la media de los espectadores, al cual se fueron ajustando no sólo los candidatos sino también los medios.
La ausencia de debates contribuyó a la chatura de la campaña, así como los recurrentes recursos a la acusación y a la descalificación, pero el temor a asustar con propuestas audaces, la falta de programas periodísticos y la técnica del pingpong de citas con punta, en su mayoría sacadas de contexto, también marcaron el perfil de esta campaña.
En definitiva, cuántos habrán aprendido algo en estos meses? En cuanto a los candidatos, sobre todo el vencedor, no podrán decir que recogieron un mandato claro de hacer algo específico.
Lo único claro es que no parece haber ni muchos deseos de cambio, ni exigencias de mayor nivel.
Difícil progresar así.