Piquetes y malas leyes

Julia Rodríguez Larreta

El matrimonio presidencial se ha atragantando con su propia medicina. La capital es un pandemónium, el circular una pesadilla, y un infierno la entrada a la ciudad. La toma de la Panamericana a la altura de San Isidro por los piquetes (8 en un mes) demuestra el nivel de anarquía al que se ha llegado. Ni siquiera en los peores momentos, al comienzo de esta década, había sido cortada esta autopista por la que circulan 700 000 vehículos y para peor, en lugares donde los automovilistas no tienen escapatoria. A ello se agregan los cierres de avenidas y calles dentro de la ciudad. Hasta el viernes de la semana pasada, se llevaban contabilizados 440 cortes, frente a 265 hasta fines de setiembre del 2008.

Recién hace tres días, la Presidenta comenzó a hablar de que debían terminarse estas tropelías, mientras el conflicto desatado con la empresa Kraft Foods, ex Terrabusi, no ha hecho más que echar leña al fuego. La fábrica solo pudo ser desalojada violentamente después de 38 días de ocupación y el gobierno ha presionado para que la firma afloje y ceda a los reclamos sindicales, al tiempo que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, sorpresivamente canceló la audiencia con la nueva Embajadora de EE.UU. (reconocida luchadora por los derechos humanos) portavoz de la preocupación de su gobierno con la situación.

Así como los Kirchner capitalizaron acuerdos con los partidos menores de izquierda para obtener los votos necesarios que les permitiera la renovación de las Facultades Especiales, ahora se da que los sindicalistas que lideran el activismo en dicha planta, provienen de los grupos más radicales de izquierda. Los cuales están desafiando abiertamente a los antiguos dirigentes peronistas.

Y lo que se percibe es un preocupante clima que recuerda los años 70, -ésos de los que Kirchner hace elogioso alarde-, a partir de estos ensayos de insurgencia urbana que se producen ante la impotente mirada de una ciudadanía harta y desorientada, que ya no sabe adonde la llevan.

Es posible que los propios Kirchner se encuentren bastante desacomodados con el accionar de esta activa y militante ultra izquierda que no parece responder al tradicional tratamiento de la "caja".

Si bien el Sr. Néstor es el gran artífice de esta olla a presión que ha empezado a reventar. Y no es de extrañar que ello ocurra, pues el guisado se preparó con piqueteros engordados con billetes, punteros políticos de cualquier estofa, manipulación oficial engañosa de los índices, presiones patoteras oficiales y negación de ciertos problemas, además de continuamente azuzar los enfrentamientos apuntando a la división de la sociedad. El ataque al productivo sector agropecuario, es uno de los ejemplos más sintomáticos.

La pulseada que se juega nuevamente en el Senado, la segunda en 15 meses, a raíz de la Ley de Medios, es una instancia crucial. Y se daba en este caso una curiosa ironía. Así como luego del famoso voto "no positivo" del vicepresidente Cobos que hizo naufragar la resolución 125 del Ejecutivo sobre las retenciones móviles, Cristina no quiso viajar por no dejarle el sillón presidencial, ahora la aparente entrada en razones del oficialismo, de aceptar que el proyecto se estudiara, no únicamente en dos comisiones, votarlo rápidamente como pretendían, sino en cuatro tenía su explicación. El debate entre el 7 y el 14 de octubre, coincide con el viaje de la Presidenta a la India y de esta manera, el Sr. Cobos estará de Presidente interino y no sentado en el Senado, por lo que se evita así, un traspié semejante.

Sin embargo, la esperanza de que el Senado hiciera retroceder el plan K. para controlar los medios y entregarlos a los empresarios amigos, se esfumó. El senador Jenefes, la voz disidente del FPV, se alineó nuevamente bajo las órdenes de los Kirchner. Dijo que lo votará igual, a pesar de sus "reparos". Al tener mayoría asegurada, se impondrá la hegemonía oficial. La oposición no podrá hacerle modificaciones y será votado tal como vino de Diputados.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar