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Enrique Beltrán
Confieso que a lo largo de mis noventa y un años, sólo algunas pocas veces sentí al destino de mi país como una herida abierta que duele con algunos acontecimientos. Uno de ellos fueron los años de la dictadura. Además de sus extravíos, se comprometió una consolidada tradición cívica. Como también fue los de la violencia tupamara que no sólo la precedió, sino que además, la trajo. Tras aquellos años sombríos había un país y una ciudadanía consciente de sí misma y viva la fe en los valores de la democracia más allá de esa larga embestida. Jugó un papel decisivo para dar vuelta la página, el rechazo de la reforma constitucional en el plebiscito convocado por la dictadura. Allí se demostró, para asombro del mundo, cuan enteros estaban aquellos valores, aún en medio de tales vendavales.
Creo que el país vuelve a vivir otra encrucijada, que compromete también, valores que hacen a su más rico patrimonio y a la calidad de su existencia. No son estas elecciones, sólo una elección de candidaturas, de programas que difieren, de partidos políticos que disputan el próximo gobierno. Claro que son todo eso; pero además, esta vez el fallo de las urnas, es una definición todavía más trascendente de la que suelen tener estas jornadas cívicas. Encuentro entonces bastante similitud lo que se está jugando en estas elecciones, con lo que se jugó en aquellas, por más que en una, fuera una reforma constitucional a plebiscitar, y en la otra es la elección del próximo gobierno. No está demás indicar también, que el oficialismo tiene entre sus propuestas, una, elaborada, pero escondida o postergada, que es la convocatoria a una convención nacional constituyente que puede ser una suerte de caja de Pandora. El proyecto de reforma constitucional elaborado bajo el régimen militar, que pretendía anunciarse como una suerte de salida del régimen de facto, era, en definitiva, una fachada democrática para un régimen cautivo. Se consagraba un peligroso tutelaje de las fuerzas armadas sobre el funcionamiento de aquellas instituciones. La derrota de la dictadura por la voluntad de nuestro pueblo expresada en el cuarto secreto, debe ser una página en la historia del civismo universal.
¿Cómo encontrar similitud de lo que se juega en ambas elecciones, si vivimos ahora en un régimen democrático? Tal vez porque de diversa manera y en distintos escenarios se juegan esos mismos valores. Es cierto que a diferencia de aquella jornada, en ésta se vive en democracia. No obstante, abundan actitudes y decisiones reñidas con ella y sus instituciones. Cuanto más inseguros están de la victoria electoral, que la daban por descontada, se ha ido convirtiendo descaradamente al Estado en un órgano partidario. A su vez, la dirigencia del Pit-Cnt, para no ser menos, arroja su último taparrabos, se desnuda, y milita políticamente contra el Partido Nacional, para lo que hacen una gira por buena parte del país. Evidencia cuan poco lo atan sus estatutos, cuánto desprecio tienen para buena parte de sus afiliados y que vocación de partido único traducen tales empeños. Esas sombras, son algunas, entre otras muchas, que oscurecen nuestra democracia. El riesgo del apagón definitivo es mucho más grave, si el candidato del oficialismo y de la mayoría que lo eligió es José Mujica que no cree en el valor de las instituciones aún cuando le permitieron alcanzar el gobierno. Las contradicciones, la dispersión de agravios, el macaneo "las estupideces" del candidato, sirven también de cortinas de humo para su obsesión del poder. Por eso está dispuesto, después que se mostró tal cual era, hacer por un ratito buena letra. Si lograse su propósito se vería, cuando ya es tarde, que esa letra no es la suya. Como un anticipo de ello, fue el temprano anuncio de quien sería su ministro del Interior. Pero el senador Heber abrió los ojos a todos. Quiérase o no, en la próxima jornada, como cuando el plebiscito de la dictadura, está en juego la suerte democrática del país. En ambos el peso del Poder se ha volcado casi de la misma manera en la jornada para imponer su preferencia. Ya se verá que tales empeños liberticidas correrán la misma suerte. El Partido Nacional, como siempre, en primera fila para ello.
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