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Enrique Beltrán
En el siglo veinte rotaron por primera vez los partidos en el poder con la victoria del Partido Nacional en noviembre de 1958. Despuntando el siglo XXI, es el Frente Amplio, coalición de diversos sectores políticos desde la izquierda moderada hasta la radical, constituido veintiocho años atrás que llega por primera vez al gobierno. Vale la pena un breve cotejo de esos dos cambios trascendentes. Son logros importantes de la dinámica democrática, siempre, que esa rotación no termine en una tramposa parálisis.
La victoria nacionalista llega después de casi un siglo de derrotas, a veces por la intervención extranjera, por el motín y el fraude, otras por voluntad de las urnas y por nuestras divisiones. Si la derrota desfibra, desmigaja en reproches, en la búsqueda de otras tiendas victoriosas, los blancos la padecieron. En lugar de morirse cuando más de una vez lo sentenciaban, más rejuvenecido se ha erigido en las encrucijadas. Imposible habría sido esa asombrosa vitalidad si solo hubiese vivido de las glorias y dolores del pasado, inmovilizado en los recuerdos. Si no fuera también la expresión de valores; que están por encima de las contingencias, si no encarnara una inquietud renovada para responder a los desafíos de los tiempos, siempre apuntando a dignificar el valor de la persona humana, si no supiese ser; en las grandes encrucijadas, partido de la Nación. El "Por la Patria" en los chambergos revolucionarios era su medida. Se consagraron en la Constitución del 17 los ideales de aquellas gestas, y se hicieron verdad la libertad y la pureza del sufragio, la representación proporcional, el derecho de las minorías para que todos tuvieran presencia en los destinos del país, y que el presidente lo fuera de todos los orientales y no de un círculo. Cuando al cabo de noventa y tres años volvió al gobierno, fiel a esa línea el Dr. Echegoyen al asumir la Presidencia del Consejo Nacional de Gobierno, así inició el discurso en la Asamblea General: "Si nuestra filiación hace connaturales el sentimiento propio de la victoria y el consiguiente tributo a un pasado que labró el cauce, recibido su mandato, nuestro espíritu ha de moverse acorde con el carácter nacional de la investidura". No se persiguió a los rivales y se enalteció al Tribunal de lo Contencioso Administrativo con nuevas garantías de protección. La minoría estaba en el propio seno del Ejecutivo y ejercía los más severos contralores. El Frente Amplio llegó al gobierno a principio del nuevo siglo. El país, en vías de recuperación, entre otras cosas, porque en la crisis, el gobierno no llevó el apunte al reclamo de Vázquez para que se declarara en default. Así el país pudo beneficiarse con la bonanza, casi sin precedentes que se inició antes de su llegada al poder. Una vez en él, sus primeras actitudes fueron pregones de su trayectoria. Pronto apuntó su cerrado exclusivismo, su soberbia intransigencia con la oposición, el rápido desplazamiento de los símbolos patrios por otros meramente partidarios, una política internacional a los bandazos, convertir al Estado cada vez más henchido en un mero reducto partidista. Cuanto más creció más se cerraron los contralores. Las comisiones investigadoras parlamentarias no se votaron a pesar de tempranos signos de corrupción. El Partido Nacional no vaciló en hacer de la rotación de los partidos un engranaje esencial de la democracia, para llegar al poder, como para irse de él. El oficialismo hoy tiene la obsesión de perpetuarse en él y convertir el Estado en un mero afiliado de su partido. Octubre y noviembre lo despertarán de su borrachera de poder.
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