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Miércoles 26.08.2009, 01:29 hs l Montevideo, Uruguay
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Ricos y pobres

Julia Rodríguez Larreta

Fue la gota que desbordó el vaso. La señora Cristina Kirchner se despachó con un discurso en el que puso en el banquillo de los acusados a los "ricos". Una estrategia bastante sui géneris, dirigida a deslindar responsabilidades respecto del aumento de la pobreza que ha llegado a proporciones "escandalosas", según palabras del Papa Benedicto XVI. Una suerte de denuncia y condena surgida de la Iglesia, hace unos días, que cayó muy mal en la Casa Rosada.

En respuesta, Cristina Fernández organizó una presentación en la que rodeada de sus ministros, intendentes y "piqueteros", pasó a anunciar su mega plan contra la pobreza. A nadie le puede caer mal que la Presidencia se muestre preocupada por el crecimiento de la pobreza y decida tomar medidas para paliarla, pero resultaron insólitas sus hostiles declaraciones contra los "ricos", sobre todo por provenir de quien provenían.

Y a escaso tiempo de haberse conocido el impresionante aumento de la fortuna del matrimonio presidencial, el cual por sus características, de inmediato disparó toda clase de reacciones, incluso denuncias judiciales por enriquecimiento ilícito. Y también reclamos para que la Justicia haga devolver los terrenos fiscales que compraron los Kirchner y algunos familiares, entre ellos, Alicia su hermana, la Ministra de Bienestar Social, justamente, a muy bajo precio.

El mentado discurso provocó, entre otras cosas, una inmediata cadena popular a través de Internet, donde se la juzga severamente por su doble discurso, al tiempo que muestran una pormenorizada radiografía de sus cuantiosos gastos en vestimenta y otros lujosos gustos. Esa cadena se suma a otras, como las que llaman a la ciudadanía y a los legisladores a promover un juicio político a la Presidenta.

El rechazo se ha dejado sentir por todas partes. Elisa Carrió -que al final fue la más acertada, al negarse rotundamente a participar en el diálogo al que había llamado el gobierno después de las elecciones (con el campo y gobernadores), por la nula confianza que le inspiraba y que terminó siendo una fantochada- criticó duramente la oratoria.

Con su típico estilo frontal, Carrió le espetó que "si la señora Presidente tiene recursos para darle a un mafioso, (en alusión a Julio Grondona, el presidente de la AFA), tiene dinero para destinar a subsidios a las empresas poderosas; que explique cómo no tiene recursos para los pobres de la Argentina".

Como si no fueran los Kirchner los que han estado al frente del gobierno todos estos años, Cristina se mostró alterada con la inequidad social existente. Mientras, por otro lado era notorio que no pensaba aceptar las cifras que hablan de entre un 36% y un 40%, según el obispo Jorge Casaretto, respecto del índice de pobreza. En vez del 15% que enseña el Indec (Instituto Nacional de Estadísticas) al que han transformado en una burda herramienta al servicio de los intereses del gobierno y cuya credibilidad será muy difícil de recuperar, por más anuncios que haga el ministro Boudou, respecto de sus buenas intenciones para cambiar su actual degradación.

Por lo tanto, para Cristina, no hay que discutir si el porcentaje es 15%, 20% o 30%, pues "el conteo de pobres es una falta de respeto hacia los sectores más vulnerables". Volvió a esa retórica de enfrentamiento entre ricos y pobres, atizando odios y resentimientos y con una especial propuesta; lo que hay que hacer es un padrón de ricos, olvidando tal vez, que allí ocuparán un lugar ella y su marido.

A todo esto, la platea comenzó a agitarse porque tanto los caciques locales, como los piqueteros -ese nuevo sector difícil de ubicar en la escala social, al que le ha dado vida Kirchner y su mujer- no podían disimular su estimulada codicia. La cuestión es quiénes van a manejar los cuantiosos montos de dinero ofertados ($ 9.000 millones) para crear cooperativas, hacer obras de infraestructura básica, etc.

Cada parte aspira a la tajada del león y quién sabe cómo será el reparto.

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