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Enrique Beltrán
La Ministra de Salud Pública, así como el Presidente del Codicen mostraron su fastidio con la sugerencia del senador Larrañaga y los empeños del Intendente de Soriano Besozzi para prolongar por una semana las vacaciones de julio ante la epidemia de gripe. Una de las razones que se esgrimieron para el rechazo de la propuesta, fue que tales preocupaciones eran solo intentos para insertar la política en el delicado problema. Tuve que leer un par de veces la información para convencerme que no la había soñado ni leído mal. Lo primero que llama la atención es que en un tema, muy opinable, que afecta a multitud de familias, que hace a la defensa de la salud en horas de epidemia, la mera iniciativa de ampliar en una semana más las vacaciones, hechas por un intendente y un senador que tienen responsabilidades en el acontecer nacional y en el problema de la gente, despierte el airado fastidio de la Ministra así co-mo del Presidente del Codicen. Es lo que traducen, cuando pretenden adjudicarle a esa iniciativa un mero interés político, como si por esa simple invocación, fuera desechable desde su inicio la sugerencia en un problema bien delicado, en el que no cabe la soberbia de la infalibilidad. Ambos, invocaron despectivamente aquel móvil que parece resultarle tan deleznable, que por sí solo evidenciaría la sinrazón de la propuesta. Vale la pena hacer algunas puntualizaciones que vuelvan las cosas a su lugar. La primera es que quienes actúan en el plano político e invisten además la representación de su pueblo, tienen como primera obligación de su vocación y de su deber, ocuparse de los problemas de su país que hacen a la suerte de su gente. Sus decisiones en un sistema democrático tienen siempre, dado el ámbito público en que se adoptan, carácter político, lo que no quiere decir por ello un interés egoísta.
No me habría ocupado seguramente de esta incidencia que parecería de menor cuantía, si no es que en ella se refleja toda la mentalidad del oficialismo en el poder. Son éstas, figuras de un gobierno, que desde el instante mismo que asumió, politizó todo lo que tocó. Se empezó por los símbolos patrios, no bien llegaron al poder. Se continuó con las gestas históricas, opacando su recuerdo hasta que queden en el olvido. Se ve de culminar con el traslado de los restos de Artigas al final del mandato de la presidencia y bien cerca de la jornada electoral, para ver de arrimar las cenizas del prócer, por todos veneradas, y embanderarlas con el partido de gobierno, aunque ello sea al duro precio de una profanación. Para culminar esa cruzada proselitista no se vacila en desconocer la Constitución de la República cuando pese a la prohibición, el Presidente asume un papel que la desafía abiertamente y se constituye en un militante desembozado en la campaña electoral.
Nadie ha politizado más, nadie ha hecho de la política una totalidad como ocurre con el gobierno del Frente, desde la historia que creen que con ellos recién ha empezado, hasta los sindicatos politizados convertidos en verdaderos partidos políticos, o en meras sucursales del partido de gobierno, hasta la enseñanza flechada casi desde los primeros pasos, siguiendo por una burocracia hija del sectarismo y hasta el Presidente de la República, olvidando su solemne juramento constitucional.
Rechazar desde tiendas del gobierno como razón invalidante que se trata de intereses políticos, por quienes viven sumergidos en un mundo que es solo política, no es una razón. Apenas el intento de una grosera tomadura de pelo.
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