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Enrique Beltrán
Finalmente, el Frente Amplio completó su fórmula presidencial con Astori a la Vice. Fue una dura negociación que culminó, más que por haber llegado a un acuerdo, del que quedaron bien distantes, sí por los apremios y el susto que les han deparado la concreción de las candidaturas nacionalistas y el fervor que las ha acompañado. Se le agrega para su desasosiego la reciente victoria del Partido Nacional en las elecciones internas. Que es tanto más augural cuando se ha obtenido lejos del poder, del mismo que el partido de gobierno usó y abusó a lo largo de este quinquenio. A pesar de la bonanza económica que fue oleada en el mundo y que generosa llegó a nuestras costas, buena parte de los problemas del país se agravaron como son entre otros: la seguridad pública, la calidad de la educación, el creciente desconocimiento del estado de Derecho, el sectarismo oficialista que encoge la comunidad nacional, la hinchazón burocrática, seguida inevitablemente de la hinchazón de su ineficiencia. Otros, como son los índices de pobreza se han mantenido estacionarios o se han agravado pese al desarrollo de nuestra economía.
Con ser todo ello inquietante, aún lo es mucho más, el panorama que ofrecería un bis de otro gobierno frentista presidido nada menos que por el Pepe y con la divisa de que "como digo una cosa digo la otra". Si todo eso no fuese suficiente para dar vuelta la página, se agrega la proyectada convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, aunque bien se calla el para qué. Figura entre uno de los postulados de su programa, del que bien poco se ha hablado por sus impulsores pese a la inquietante trascendencia de la propuesta. Tanto más que parece un ejemplo de otras convocatorias en América, de regímenes que les son afines. Casi todas ellas se han orientado a la perpetuación en el poder, a la pérdida de garantías para libertades esenciales, y a la rápida marcha hacia regímenes de carácter totalitario cercanos a los que, durante largo tiempo han venerado. Nunca se han arrepentido de ello por lo que es de presumir que los siguen venerando. La verdad es que a lo largo del quinquenio de su gobierno han procurado, lo que ellos llaman profundizar los cambios, que la gran mayoría de los casos apuntaban a consolidar de una manera duradera los más diversos centros de poder, de modo de hacer al Estado cada vez más gigantesco y a la vez más politizado y más sectario. Convencidos que su llegada al gobierno sería por largo rato, más allá de este quinquenio, una de sus tempranas inquietudes ha sido ir montando un engranaje de poder de tal naturaleza que torne lejano y difícil, el principio de la rotación de los partidos en el gobierno consagrado por la Constitución. Mientras tanto el olvido del pasado, el desmantelar recuerdos y evocaciones que hacen a la gesta de nuestras libertades y de nuestra propia independencia ha sido una estrategia del oficialismo apuntando a las grandes corrientes tradicionales. Pero quienes pretendían extender al ayer una partida de defunción llegaron al Poder por el libre voto de los ciudadanos, por las instituciones que amparaban sus libertades, por la tolerancia de la civilización política ganada por un pasado donde sobró sacrificio, grandeza y patriotismo. No se olvide que este gobierno en cuanto fue electo por la ciudadanía y en pleno ejercicio de la libertad es hijo del mismo pasado del que pregonaron su muerte. Cuando ahora se vaya y vuelva el Partido Nacional al Poder, será para ganar el mañana, que se han empeñado en ensombrecer y salvar las conquistas de ayer, que no quieren reconocer.
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