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Jueves 02.07.2009, 17:27 hs l Montevideo, Uruguay
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Enrique Beltrán


Desde el recodo

¿El modelo?

Enrique Beltrán

Después de quince años de tenaz negativa de la dictadura castrista, la médica cubana Hilda Molina pudo salir de la isla, para encontrarse con su familia en la Argentina. Así ver a su anciana madre, internada en un hospital público, que recién desde hace un año, había podido viajar a ese país para encontrarse con sus nietos y bisnietos. En tanto Hilda Molina no disintió con el gobierno, fue objeto de elogios por su capacidad, sus conocimientos y la entrega a su vocación, que por años se pusieron en evidencia en las tareas que cumplía en una institución del centro médico del que era directora. Pero alcanzó con una disonancia con el régimen para que en ella y su familia se descargara la ira del dictador y toda la asfixia del sistema, como poco antes, había recibido los reconocimientos y los elogios. Este episodio, que seguramente se ha repetido muchas veces en otros similares bajo aquel régimen tiránico, tuvo esta vez una resonancia especial por la jerarquía y la personalidad de la neurocirujana. Así ese desgarramiento familiar, drama frecuente en la isla bajo el régimen totalitario, tuvo una difusión que no lograron tenerlo otros muchos dramas parecidos, que se desarrollan en silencio, entre la desesperación impotente, el dolor y el vejamen.

En el reportaje que le hace "La Nación", poco después de su llegada a Buenos Aires, se le pregunta, entre diversas cuestiones, la siguiente: ¿lamenta haberse perdido los primeros años de sus nietos por sus opiniones políticas? La respuesta es: "No fue ni siquiera por mis opiniones políticas. Fidel Castro no me dejó salir de Cuba porque yo renuncié al sistema. Y lo hizo como una especie de escarmiento: el que llega a la posición de Hilda Molina y haga esto ya sabe lo que le espera. Si él me fusilaba me hacía un favor. Y yo quisiera que el señor Fidel Castro, el verdugo de mi familia, gane paz en su alma". Como el galeote encadenado junto al remo debió padecer quince años de encierro y castigo por su indeclinable decisión de libertad. Siento a la vez la necesidad de rendir homenaje al heroísmo de esta mujer y sentar una vez más la repulsión a un régimen que tal desprecio tiene para la dignidad de la persona humana. No obstante si traje a cuento las terribles vicisitudes de la neurocirujana, fue para volver a mi país, porque sólo en él pensé cuando escribí del tema. Si esta vez puse la mirada en la lejana Cuba, en momentos en que no debería apartarla de mi país cuando se apresta a vivir una de las jornadas electorales en la que más comprometido está su destino, es porque el régimen cubano también está presente en los próximos comicios. Será una callada sombra que, aunque buen cuidado se tiene de no invocarla, ha sido vista por buena parte del actual sector de gobierno que se perfila como mayoría indiscutible en ese partido, como una suerte de paradigma digno de imitar o por lo menos de inspirarse en su ejemplo, como ya lo hicieron cuando embistieron con sus armas contra nuestra democracia. Nada indica que se hayan arrepentido, y mucho menos desistido de la veneración por la imagen de ese régimen que desde más de medio siglo tiene a su pueblo, como en las ya olvidadas galeras, encadenado junto a su remo. Si a lo largo de más de cincuenta años de tiranía jamás se alzó desde esas filas una voz de crítica a sus crímenes y arbitrariedades, si allí buscaron ayuda para demoler la democracia, y todavía no faltan elogios ni arrumacos con ese despotismo ¿por qué han de desechar la esencia de su ejemplo en el gobierno? Nuestro país, que ha escrito páginas admirables, muchas cubiertas de sangre y sacrificios para ganar sus libertades, no las dejará perder en las urnas.

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