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Enrique Beltrán
La columna de Antonio Mercader del miércoles pasado, también descorre el telón para poner bien de manifiesto el operativo de humareda totalitaria que parece se desliza como en puntas de pies en el programa de gobierno del Frente Amplio. Uno de los más importantes pasos que se dispara en esa dirección es la convocatoria a una Asamblea General Constituyente, con la confusa idea de hacer "un nuevo pacto nacional", como si el país estuviera por nacer de nuevo. Esa única especificación en torno a los motivos para que se recurra a un procedimiento tan excepcional, y en ocasiones tan riesgoso, como el que se anuncia con inexplicable discreción, es demasiado vaga. ¿Cómo no inquietarse entonces, por ese manto de neblina con el que se envuelve una propuesta cargada de peligros y también de trascendencia? ¿No ofrecen, acaso, suficientes motivos de rechazo y de alarma, las experiencias de Venezuela y Ecuador como para zambullirse en la misma o parecida oleada?
El senador Couriel, fue consultado por Búsqueda, en torno al contenido que tiene esa propuesta programática, y si se tiene definido qué partes se reformarían de la Constitución. La respuesta fue: "No, para nada. Lo único que dice el programa "es que se llamará a una Asamblea Nacional Constituyente, pero no se dice para qué". Naturalmente que esa vaguedad, no puede ser improvisada tratándose de una propuesta que haría a las bases mismas de la convivencia nacional y al destino del país. Si no dudamos de la buena fe del senador en cuanto a que no sabe el para qué de la anunciada convocatoria, quienes pusieron alas a la idea, bien saben hacia donde quieren apuntar el vuelo. Me temo que sea para convertir el Poder, ya no en el representante de la comunidad, sino en un mero apéndice de su Partido. ¿No sería acaso culminar el proceso en el que buena parte del oficialismo está empeñado y que se fue delineando claramente a poco de asumir el gobierno? Porque una de sus primeras preocupaciones, fue desconectarse en gran parte de la historia del país, pues parece creer que recién ha empezado con su llegada al Poder. A una oscura lejanía se ha condenado el pasado y el recuerdo de la gesta de la independencia, como ya ha empezado a ocurrir en el correr de este quinquenio. También el de la vigencia de sus libertades, y su heroica forja; el de la tarea de la consagración y el respeto de sus instituciones democráticas, el del Estado sometido a la Constitución; en síntesis el ámbito de la dignidad de la persona humana y la lucha del país para procurarlo. Si borramos tales recuerdos y valores forjados a lo largo de nuestra historia es probable que en su lugar termine por erigirse: la policía de las ideas, el mesianismo del estado y del partido, la proscripción de las críticas que lo censuren, y al final, un pueblo que no sabe quien es, porque ha perdido sus raíces y también su destino y libertad. ¿Qué otro alcance puede tener esta propuesta que tan callada se la formula, como si fuera apenas una iniciativa más de la que atiborran su llamado plan de gobierno. Propuesta que se propone en medio de enormes vaguedades, aunque se trataría nada menos que de un nuevo pacto casi fundacional, y por lo tanto, cuando más claro debe ser su contenido.
Es verdad que Mujica dijo recién, según Búsqueda, que "no pienso en una Constituyente para el socialismo del siglo XXI como Chávez o Correa". ¿El no piensa? La respuesta la adelantó él mismo con bastante anticipo: "Como digo una cosa digo la otra" ¿Si?
Pero este engendro no verá la luz.
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